Jue. Oct 1st, 2026

Paz revienta el legado de Evo: “Ni museos ni canchitas; ahora la plata es para producir”

Bolivia está pagando hoy las facturas de la improvisación de ayer. Millones que pudieron impulsar producción, agua, riego y empleo terminaron enterrados en obras sin sentido, como el museo de Orinoca —una estructura de 8 millones de dólares que hoy yace cerrada y sin retorno. Las palabras de Rodrigo Paz no caen en saco roto; son un llamado brutal a la memoria y una bofetada al despilfarro que dejó al país sin recursos para lo esencial. Y sí: duele, indigna y arde saber que mientras los productores pedían apoyo, el Estado construía monumentos al ego político.

El país vuelve a mirar de frente una verdad incómoda: millones de bolivianos fueron enterrados en proyectos que nunca debieron construirse. El reciente mensaje del presidente Rodrigo Paz —“ya no más museos, ya no más canchitas; ahora la plata es para producir”— reabre una herida profunda. El Museo de Orinoca, símbolo de exceso y capricho político, costó cerca de 8 millones de dólares y hoy está cerrado, vacío, inútil. Ese dinero pudo fortalecer riego, agua, agricultura, industria, caminos para productores; pero terminó atrapado entre paredes que nadie visita. Esa sola imagen ya indigna.

Y no es un caso aislado. Como recuerda el analista en planificación y gestión Andrés Campero, “en Bolivia se construyó mucho, pero se planificó poco”. Esa frase resume 15 años de obras sin estudios, sin sostenibilidad, sin articulación económica, levantadas más por vanidad política que por necesidad social. Hoy pagamos las consecuencias: presupuestos agotados, municipios sin recursos, productores sin apoyo, sectores estratégicos sin inversión. Rabia da pensar que, mientras faltaba maquinaria para el agro, se aprobaban proyectos que jamás generarían un boliviano de retorno. Esa rabia es legítima, necesaria y urgente.

Porque ahora, cuando el país enfrenta una crisis fiscal severa, recién entendemos la factura real de aquella improvisación: hospitales sin equipamiento, represas sin concluir, fábricas estatales deficitarias y museos que se convirtieron en monumentos al despilfarro. Por eso las palabras de Paz calan fuerte: no es solo una crítica, es un diagnóstico de país. Y sí, da bronca saber que la austeridad obligada de hoy es el resultado directo de la mala planificación de ayer. Bolivia no puede permitirse otro museo inútil ni otra canchita vacía; necesita producción, agua, energía y futuro.

Redacción central Cochabamba

Portada gentileza El Potosí

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