La publicación del nuevo “valor referencial” del dólar por parte del Banco Central de Bolivia (BCB) confirmó lo que el mercado financiero intuía desde hace meses: en el país ya operan tres tipos de dólar simultáneos. Por un lado, el tipo de cambio oficial sigue congelado en 6,86 y 6,96; por otro, el referencial —basado en operaciones efectivas entre bancos y clientes— saltó a niveles muy superiores. Y por encima de ambos se mantiene el dólar paralelo, libre, volátil y sensible a cada rumor económico. La coexistencia de estos tres precios revela que la demanda sigue desbordando a la oferta formal de divisas.
La lógica es simple: cuando no hay suficiente oferta, el mercado genera sus propios precios. El tipo de cambio oficial se ha vuelto prácticamente simbólico, accesible solo en casos muy puntuales. El referencial del BCB intenta ordenar las expectativas ofreciendo una señal más realista del valor de las transacciones, pero aun así queda corto frente al dólar paralelo, que se ha convertido en el verdadero termómetro de presión cambiaria del país. Esta triple estructura no solo abre brechas, sino que también incentiva arbitraje, informalidad y dolarización profunda.
En este escenario, las afirmaciones sobre una supuesta “banda cambiaria” —como mencionó el presidente Rodrigo Paz en su campaña— no tienen sustento técnico. Una banda requiere parámetros formales, anuncio público y un nivel de reservas capaz de defender los límites inferior y superior. Nada de eso está vigente. Lo que existe hoy no es una banda administrada: es un tipo fijo inmóvil, un referencial flotante y un paralelo no regulado. Es decir, no una política cambiaria, sino un equilibrio precario creado por la falta de divisas suficientes.
La solución, en términos estrictamente técnicos, no pasa por discursos ni expectativas: pasa por la oferta. Mientras el flujo de dólares siga limitado —ya sea por menores exportaciones, restricciones al crédito externo o reservas debilitadas— el mercado paralelo seguirá dictando el ritmo. Si el país logra ampliar la disponibilidad de divisas, el referencial tenderá a estabilizarse y la brecha con el paralelo disminuirá. Hasta entonces, Bolivia continuará operando bajo un sistema tripartito que refleja con nitidez la tensión entre un tipo de cambio fijo que ya no ancla, un referencial que intenta ordenar, y un paralelo que marca la realidad cotidiana de los agentes económicos.
Portada Presidente del BCB
Redacción central La Paz
