Morales no optó por un tono defensivo. Por el contrario, cuestionó la legitimidad de las decisiones judiciales que pesan en su contra y sostuvo que fue condenado mediáticamente por un “delito inexistente”. En su discurso, el eje no es solo jurídico, sino político: insiste en que se vulneraron garantías constitucionales y que el proceso responde a una estrategia para sacarlo del tablero electoral.
El contexto, sin embargo, ha cambiado. Con Arce fuera del poder y un nuevo gobierno en funciones, Morales ya no confronta desde dentro del oficialismo, sino desde una posición externa al Ejecutivo. Su narrativa busca mantener vigencia en un país que atraviesa una transición política y un reordenamiento de fuerzas.
La frase “vivir y vencer” resume esa apuesta. “Vivir” como resistencia frente a procesos judiciales y desgaste político; “vencer” como promesa de retorno y reivindicación. No es una consigna improvisada, sino un mensaje dirigido a su base social, que refuerza la idea de lucha prolongada.
En esta nueva etapa bajo la administración de Paz, el exmandatario intenta reconstruir centralidad. Más que responder a un expediente judicial, Morales construye un relato épico que lo presenta como líder perseguido pero vigente, decidido a no retirarse del escenario nacional.
Por: Equipo de redacción
