En política, la ambigüedad es un lujo que un Viceministerio de Autonomías no puede darse frente a regiones que exigen respuestas inmediatas. El detonante final de esta crisis fue la declaración de Barrientos sobre la viabilidad del modelo 50/50, al señalar que su aplicación podría darse en un rango absurdo de «tres días o diez años». Esta falta de horizonte técnico fue vista por el Comité Cívico Pro Santa Cruz y el Gobernador como una táctica dilatoria del Gobierno central, transformando una propuesta de diálogo en un insulto a la planificación regional.
Aunque administrativamente Barrientos operaba bajo el ala del Ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, la carta de renuncia fue enviada directamente al despacho de Rodrigo Paz. Este gesto busca blindar la figura presidencial; Barrientos asume la responsabilidad política del error («el desacierto se paga») pero se despide con una carga de adulación hacia Paz, intentando suavizar el hecho de que su salida es una concesión directa ante la presión de la institucionalidad cruceña que ya la había declarado «persona no grata».
La carta de renuncia enfatiza una supuesta «convicción de servicio» y «respeto a las instituciones», omitiendo que fue su propia ligereza verbal la que fracturó la relación con Santa Cruz. En los trufis y plazas de Bolivia se comenta lo obvio: en el tablero de Rodrigo Paz, Barrientos se volvió una pieza prescindible para salvar la gobernabilidad. Con su partida, el Ejecutivo busca «resetear» la mesa de negociación del pacto fiscal, aunque deja la duda de si un cambio de nombre bastará para recuperar la confianza de un departamento que ya no acepta respuestas a diez años plazo.
Por: Equipo de redacción
