Las inmediaciones de la sede de gobierno viven horas de máxima tensión. Grupos movilizados avanzan y retroceden entre gases lacrimógenos, piedras y explosiones de petardos, mientras efectivos policiales intentan contener las protestas en medio de un ambiente marcado por el caos y la incertidumbre.
El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, aseguró que ni policías ni militares utilizarán armas de fuego en las operaciones desplegadas en la ciudad. Sin embargo, en las calles el conflicto mantiene un nivel de confrontación creciente y la sensación de que ninguna de las partes está dispuesta a retroceder.
La crisis ya no gira únicamente en torno al combustible, la inflación o el abastecimiento. El Ejecutivo sostiene que algunos sectores buscan forzar la renuncia del presidente Rodrigo Paz, mientras los movilizados elevan la presión sobre el Gobierno en medio de bloqueos y marchas que paralizan parte de la ciudad.
Desde el centro paceño, la imagen es la de una capital atrapada entre el humo y la tensión política: comerciantes cerrando apresuradamente, ciudadanos buscando resguardarse de los gases y patrullas desplazándose en medio de calles colapsadas.
La incógnita ahora es cuánto tiempo podrá sostenerse esta estrategia de contención sin que la crisis derive en un escenario aún más complejo para el país.
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Por Equipo de redacción
