Paz volvió a poner sobre la mesa el fantasma de la desestabilización al advertir sobre la posibilidad de un nuevo “sismo político”. Sin embargo, su declaración deja un vacío central: no identificó quiénes estarían detrás de ese supuesto escenario ni qué hechos concretos sustentan su advertencia.
Y ahí aparece la pregunta que el Gobierno tendrá que responder: ¿por qué Paz habla ahora de otro sismo político?
La advertencia puede tener una explicación política, una preocupación real basada en información que todavía no se conoce públicamente o simplemente anticipar un escenario de conflictividad que el Gobierno considera probable. Pero mientras no existan elementos verificables, no corresponde convertir una advertencia presidencial en la confirmación de una conspiración.
También existe otra lectura que comienza a ganar espacio en la conversación pública: Paz debería mirarse en el espejo.
El Gobierno enfrenta dificultades económicas, presión social, cuestionamientos políticos y un desgaste creciente de su gestión. El caso Cerimedo, los conflictos por los combustibles y las decisiones económicas han añadido tensión a un escenario que ya era complejo.
Por eso, hablar de un nuevo “sismo político” sin explicar qué lo estaría provocando puede terminar generando más preguntas que respuestas.
¿Existe realmente un nuevo intento de desestabilización o el Gobierno está construyendo anticipadamente el relato de una nueva crisis?
La respuesta debería sustentarse en hechos, nombres y evidencias. Porque si el Presidente sabe que se aproxima un nuevo terremoto político, la ciudadanía tiene derecho a saber dónde está la falla y quién la está provocando.
Por Equipo de redacción
