El Banco Central tiene herramientas para contener la expansión de la liquidez, entre ellas el encaje legal y las operaciones de mercado abierto. Son instrumentos legítimos para evitar que un exceso de dinero termine presionando nuevamente sobre los precios.
Pero existe una segunda cara de esa política.
Cuando se restringe la liquidez, el crédito puede volverse más escaso o más caro, afectando el consumo y, especialmente, las decisiones de inversión de empresas que necesitan financiamiento para producir, ampliar operaciones o contratar trabajadores.
Por eso, el mercado no solamente observa la inflación. También observa qué está haciendo el Gobierno para atacar las causas estructurales de la crisis: déficit fiscal, escasez de dólares, combustible, producción, inversión y confianza.
El BCB puede contribuir a estabilizar los precios, pero no puede sustituir la política económica del Gobierno.
En otras palabras, controlar los billetes puede ayudar a controlar la inflación, pero no crea por sí mismo dólares, inversión ni crecimiento.
El verdadero desafío será utilizar la estabilidad monetaria como un punto de partida para recuperar la economía. Si eso no ocurre, Bolivia podría conseguir una inflación más controlada a costa de una economía todavía débil.
Por Equipo de redacción
