La reciente encuesta electoral promovida por Marcelo Claure ha generado polémica tras los cuestionamientos del periodista Pepe Pomacusi, quien puso en duda la claridad de su ficha técnica. «Ya comenzó Pepe Pomacusi a intentar dañar las encuestas», respondió Claure, asegurando que el estudio se realizó bajo un diseño metodológico riguroso, con una muestra representativa de áreas urbanas y rurales. Sin embargo, Pomacusi insistió en que la información publicada no aclara aspectos clave como la distribución de la muestra, los márgenes de error por departamento y los listados de candidatos medidos, reabriendo el debate sobre la transparencia de los sondeos en Bolivia.
En respuesta, Marcelo Claure detalló que la encuesta se llevó a cabo entre el 5 y el 21 de enero de 2025, abarcando un 37% de ciudades capitales, un 56% de localidades intermedias y un 7% de áreas rurales. Además, aseguró que el proceso incluyó la supervisión del 20% de las entrevistas y una revisión de audios para garantizar la fiabilidad de los datos. Para Claure, las críticas de Pomacusi no responden a un análisis técnico, sino a un intento de desacreditar los resultados, que en su criterio reflejan fielmente la intención de voto de la población.
Más allá de la controversia metodológica, lo que realmente importa es la percepción obtenida en el trabajo de campo y cómo esta influye en el panorama electoral boliviano. Si bien la defensa de Claure resalta los aspectos técnicos del estudio, las críticas de Pomacusi evidencian el escepticismo sobre la transparencia de las encuestas en el país. En un contexto donde los sondeos pueden moldear la narrativa política, el debate sigue abierto y el impacto real de estos resultados en el electorado será clave en los próximos meses.
Redacción central
