La Paz, 27 de abril de 2025. En la agitada carrera hacia las elecciones presidenciales en Bolivia, Jaime Dunn, precandidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC), intenta posicionarse como una alternativa fresca frente a la estructura tradicional del poder. Con un discurso enfocado en la renovación, la libertad económica y la reducción del Estado, Dunn busca conectar con un electorado joven y urbano, mayormente desencantado del modelo político vigente.
Su estrategia se apoya fuertemente en las redes sociales, especialmente en X (antes Twitter), donde sus seguidores han impulsado su visibilidad en sectores como la zona sur de Cochabamba, un bastión tradicionalmente masista. Dunn ha rechazado alianzas con viejas estructuras políticas, reforzando su imagen de candidato independiente decidido a construir un «pacto ciudadano» sin compromisos con el pasado.
Sin embargo, los límites de su alcance son evidentes. A pesar de su creciente notoriedad digital, encuestas informales y análisis de redes sociales indican que solo un 10% de la población lo conoce actualmente. Incluso con una campaña intensiva, su reconocimiento podría alcanzar apenas al 30%, insuficiente para competir en un país donde el electorado rural e indígena aún define gran parte del resultado electoral.
Además, la debilidad territorial del PDC y la feroz competencia opositora, encabezada por figuras como Manfred Reyes Villa o Tuto Quiroga, complican aún más su desafío. Dunn enfrenta también ataques digitales que buscan asociarlo a escándalos políticos, lo que pone a prueba su capacidad de sostener una narrativa limpia y convincente.
Para transformar su potencial digital en una oportunidad real, los analistas coinciden en que Dunn necesita diversificar su presencia en redes como TikTok y Facebook, organizar eventos presenciales estratégicos en ciudades clave, y articular un mensaje inclusivo que seduzca a votantes más allá de su nicho actual. La carrera apenas comienza, pero para Dunn, el tiempo y la expansión territorial serán factores decisivos.
La verdadera incógnita no es si puede seguir creciendo en las redes, sino si logrará romper la barrera digital y convertirse en una fuerza real en las urnas, en un país donde los votos aún se conquistan más en las calles que en las pantallas.
Redacción central
