En abril de 2025, el Gobierno de Bolivia y la Central Obrera Boliviana (COB) acordaron un incremento del 10% al salario mínimo nacional, elevándolo de Bs 2.500 a Bs 2.750, con un 5% al haber básico, retroactivo al 1 de enero de 2025. Este ajuste, destinado a proteger el poder adquisitivo de los trabajadores frente a una inflación acumulada del 10% en 2024 y un 3.24% en los primeros dos meses de 2025, ha generado un debate sobre su efectividad. En un contexto de crisis cambiaria, con el dólar en el mercado paralelo cotizándose entre Bs 14 y Bs 15, el salario mínimo se devalúa a menos de USD 200 mensuales, perjudicando especialmente a los trabajadores formales con ingresos fijos frente a los que operan en la economía informal. La inflación y la devaluación erosionan el poder adquisitivo de los Bs 2.750 y por qué los asalariados enfrentan un impacto mayor que los trabajadores a cuenta propia.
Inflación: Una Amenaza al Poder Adquisitivo
El incremento del 10% al salario mínimo busca contrarrestar la inflación, pero su efecto es limitado. Según el economista Germán Rojas, los Bs 2.750 tienen un poder adquisitivo real de apenas Bs 900 debido al encarecimiento de bienes básicos, como el pan (Bs 1 por unidad) o la carne de res (Bs 60-80 por kilo). Jaime Dunn advierte que los precios de la canasta básica han superado los incrementos salariales, reduciendo el poder adquisitivo a niveles comparables con 2007. La inflación proyectada para 2025, que podría alcanzar el 15%, agrava esta situación. Como señala Omar Velasco, el aumento salarial inyecta más dinero en la economía, lo que puede generar una presión inflacionaria adicional, elevando los precios y neutralizando el beneficio del ajuste. Así, el salario mínimo cubre menos del 55% de la canasta básica familiar, estimada en Bs 5.000 mensuales, forzando a los trabajadores a priorizar gastos esenciales.
Devaluación en el Mercado Paralelo: Un Salario en Caída Libre
La crisis cambiaria, caracterizada por la escasez de dólares y la devaluación del boliviano, reduce drásticamente el valor del salario mínimo. Al tipo de cambio oficial (Bs 6.96 por USD), los Bs 2.750 equivalen a USD 395 mensuales. Sin embargo, en el mercado paralelo, donde el dólar se cotiza entre Bs 14 y Bs 15, el salario cae a USD 183-196, muy por debajo de los USD 300. Si el tipo de cambio paralelo sube a Bs 17, como proyectan algunos analistas, el salario se reduciría a USD 161. Esta devaluación afecta especialmente a los bienes dolarizados, como alimentos y medicamentos importados, cuyos precios reflejan el mercado paralelo. Jimmy Osorio destaca que los incrementos salariales son solo una reposición parcial del poder adquisitivo perdido, insuficiente frente a la inflación y la crisis económica.
Trabajadores Formales vs. Informales: Una Brecha de Vulnerabilidad
El impacto del incremento salarial es desigual. Los trabajadores formales, que representan el 15.7% de la fuerza laboral y dependen de los Bs 2.750, enfrentan un perjuicio mayor que los trabajadores a cuenta propia, quienes constituyen el 70% de la economía informal. Los asalariados tienen ingresos fijos que no se ajustan a la inflación ni a la devaluación, lo que los hace vulnerables a la pérdida de poder adquisitivo. Por ejemplo, con una inflación del 15%, los Bs 2.750 equivaldrían a Bs 2.338 en términos reales, y en dólares paralelos, a menos de USD 170. En contraste, los trabajadores informales, como comerciantes o transportistas, pueden ajustar precios o diversificar ingresos. Un vendedor de mercado puede subir el precio del arroz de Bs 10 a Bs 12, y un taxista puede cobrar tarifas en superiores sin ninguna regulación específica, protegiéndose parcialmente de la devaluación. Roxana Azeñas subraya que esta crisis no solo reduce el poder adquisitivo, sino también la calidad de vida, especialmente para los asalariados de bajos ingresos.
Un Esfuerzo Insuficiente
El incremento del salario mínimo a Bs 2.750 en 2025 es un intento del Gobierno por mitigar la pérdida de poder adquisitivo, pero la inflación proyectada del 15% y la devaluación en el mercado paralelo (Bs 14-15 por USD) reducen su valor real a menos de USD 200 mensuales. Los trabajadores formales con este ingreso enfrentan un impacto desproporcionado, ya que no pueden ajustar sus ingresos como lo hacen los informales, quienes tienen mayor flexibilidad en la economía dolarizada.
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