Sáb. Oct 3rd, 2026

Evo Morales moviliza a sus bases pese a inhabilitación, pero enfrentamientos y detenciones marcan la «Segunda Gran Marcha»

La «Segunda Gran Marcha para Salvar Bolivia», organizada por las Seis Federaciones del Trópico y sectores afines a Evo Morales, llegó a La Paz el 16 de mayo de 2025, pese a la ausencia física del exmandatario, cuya influencia simbólica sigue movilizando a miles. Sin embargo, la jornada estuvo marcada por fuertes enfrentamientos con la Policía y la detención del dirigente campesino Ponciano Santos, en un contexto de creciente polarización política.

La «Segunda Gran Marcha para Salvar Bolivia», convocada por las Seis Federaciones del Trópico y sectores afines al expresidente Evo Morales, llegó a La Paz este viernes 16 de mayo tras partir el 15 de mayo desde Parotani, Cochabamba, y pasar por El Alto. Aunque Morales no estuvo físicamente presente debido a una orden de captura por presunta trata agravada, su liderazgo simbólico y su «presencia en espíritu» galvanizaron a miles de seguidores. Sin embargo, la jornada quedó marcada por la detención del dirigente campesino Ponciano Santos, un hecho que intensificó las tensiones en un contexto de polarización política.

La marcha, que reunió a cocaleros, indígenas, mineros y otros sectores evistas, recorrió más de 200 km en dos días, ingresando a La Paz con el objetivo de presionar al Tribunal Supremo Electoral (TSE) para inscribir a Morales como candidato presidencial para las elecciones de agosto de 2025, pese a su inhabilitación constitucional y judicial. Los manifestantes también exigieron soluciones a la crisis económica –caracterizada por la escasez de combustible, dólares y el alza de precios– y denunciaron la represión policial contra movimientos sociales. La vicepresidenta de Evo Pueblo, Elizabeth Paco, y el dirigente Pedro Llanque encabezaron la movilización, afirmando que «Evo está con nosotros en espíritu, guiándonos desde el Chapare».

La marcha enfrentó fuertes operativos policiales. En Tolar, a 66 km de La Paz, la Policía requisó a los marchantes y detuvo a más de 20 personas, acción que el senador Leonardo Loza calificó como una «violación de derechos humanos». En La Paz, los intentos de acercarse al TSE derivaron en enfrentamientos, con los manifestantes usando petardos y palos, y la Policía respondiendo con gases lacrimógenos. En esa circunstancia, el dirigente campesino Ponciano Santos, figura clave del ala evista, fue detenido en el centro de La Paz. Santos, quien horas antes había desafiado públicamente a las autoridades pese a dos órdenes de aprehensión por presunto terrorismo ligado a los bloqueos de 2024, fue trasladado a la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) y deberá aguardar las medidas judiciales que corresponden.

El ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, confirmó la detención en redes sociales, declarando: “¡Bolivia necesita orden y es lo que vamos a darle!”. Evo Morales, desde el Chapare, denunció que los marchistas fueron “brutalmente reprimidos” y cuestionó la aprehensión de Santos, exigiendo la intervención de organismos internacionales. La defensa de Santos, el abogado Marcelo Galván, calificó la detención como ilegal, reportando además 25 heridos y agresiones a periodistas. Por su parte, el presidente del Comité Pro Santa Cruz, Stello Cochamanidis, celebró la detención, sugiriendo que Morales debería enfrentar un destino similar.

El Rol Simbólico de Morales La ausencia física de Morales, quien permanece en el Chapare –su bastión político–, no mermó su influencia. Los cánticos de «¡Evo no está solo!» y las banderas con su imagen reforzaron su presencia espiritual, evocando su legado indígena y símbolo de resistencia. En un mensaje difundido en redes, Morales llamó a la marcha una «lucha por la democracia y la justicia», comparándola con las rebeliones de Tupac Katari. Sin embargo, su figura generó rechazo entre algunos sectores: plataformas ciudadanas en La Paz, según posts en redes sociales, se organizaron para impedir su ingreso, calificándolo de «prófugo» y cuestionando su uso de las bases para fines personales.

La detención de Santos y la represión policial evidenciaron la profunda fractura en los movimientos sociales, con los evistas enfrentados al gobierno de Luis Arce, quien acusó a Morales de orquestar un «golpe». Aunque los manifestantes no lograron la inscripción de Morales ni acuerdos con el gobierno, anunciaron una reunión en Lauca Ñ el 18 de mayo para planear nuevas acciones, advirtiendo que «el pueblo se levantará» si se inhabilita a Morales. La crisis económica y la polarización política sugieren que la conflictividad persistirá, con Morales –presente o no– como figura central.

La «Segunda Gran Marcha» no solo fue una demostración de fuerza de los sectores evistas, sino también un recordatorio del peso simbólico de Evo Morales, cuya «presencia en espíritu» sigue movilizando multitudes, pero también agudizando divisiones. La detención de Ponciano Santos añade un nuevo capítulo a la confrontación, planteando interrogantes sobre el uso del sistema judicial como herramienta política y el respeto a los derechos de los manifestantes. Mientras las demandas económicas reflejan un malestar genuino, la insistencia en la candidatura de Morales complica distinguir entre lucha social y ambición política. Bolivia permanece en un delicado equilibrio, con el riesgo de mayor violencia si no se abren canales de diálogo.

Redaccion central y agencias

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