La tercera encuesta nacional de intención de voto presentada por Unitel este 30 de julio no solo ofrece números, sino un espejo claro de un país políticamente paralizado: Bolivia transita una elección sin entusiasmo, con liderazgos cuestionados y una ciudadanía que, en más de un tercio, opta por el silencio, el rechazo o la duda.
El estudio realizado por Ipsos-Ciesmori revela un nuevo “empate técnico” entre Samuel Doria Medina (21,5 %) y Jorge “Tuto” Quiroga (19,6 %), dos figuras con larga trayectoria, pero sin capacidad visible de romper el techo del 25 %. Ambos lideran un tablero sin dinamismo, donde las preferencias varían en décimas y el tercer lugar ahora es disputado por Manfred Reyes Villa (8,3 %), tras la caída sostenida de Andrónico Rodríguez (6,1 %).
Más allá de los nombres, el dato que más pesa es el siguiente: un 34,1 % del electorado entre votos nulos, blancos e indecisos sigue sin inclinarse por ninguna opción. Este “bloque del desencanto” no solo supera a cualquier candidato individual, sino que se mantiene constante desde las primeras mediciones del año. La ciudadanía no encuentra, al parecer, una propuesta que conecte con sus preocupaciones reales.
Y esas preocupaciones son cada vez más urgentes. Con una economía tensionada por la escasez de divisas, la inflación silenciosa, el aumento de los conflictos laborales y el deterioro de los servicios públicos, gran parte del electorado parece más enfocado en sobrevivir el presente que en imaginar el futuro. En ese contexto, la elección de 2026 se percibe lejana o, peor aún, irrelevante.
La debilidad institucional agrava esta distancia. La prórroga de magistrados, las dudas sobre la independencia del Tribunal Supremo Electoral y la crisis del Órgano Judicial alimentan la percepción de que el voto no tiene impacto real. Si el sistema político no genera credibilidad, difícilmente el ciudadano confiará en que algo cambiará con un nuevo rostro en el Palacio Quemado.
Lo que viene no será fácil. De mantenerse esta fragmentación, ningún candidato ganará en primera vuelta, y quien resulte vencedor en el balotaje deberá enfrentar una Asamblea sin mayoría clara, obligada a pactos, consensos y gobernabilidad frágil. El futuro presidente no solo necesitará votos: requerirá legitimidad y una narrativa capaz de superar la desconfianza.
La encuesta de Unitel no predice, pero advierte. Y el mensaje es claro: la Bolivia de hoy no busca un nombre, busca una razón para creer.
Portada gentileza Unitel
