El Tribunal Supremo Electoral ya confirmó que el 19 de octubre Bolivia vivirá una segunda vuelta entre Rodrigo Paz Pereira y Jorge “Tuto” Quiroga. Pero más allá del resultado en las urnas, el verdadero pulso del poder se jugará en la capacidad de ambos para tejer un pacto de gobernabilidad.
Ninguna de las fuerzas políticas alcanzó mayoría en la Asamblea Legislativa, lo que obliga al futuro presidente a construir consensos si quiere aprobar leyes o impulsar reformas. Eso significa que la negociación no se limitará a la distribución de cargos legislativos como las presidencias de las cámaras o las comisiones estratégicas, sino que inevitablemente se trasladará al Ejecutivo y a todo el aparato estatal.
La experiencia boliviana lo demuestra: ningún gobierno con correlaciones fragmentadas ha sobrevivido sin pactos. En 2002, Sánchez de Lozada selló acuerdos con MIR y NFR distribuyendo ministerios y direcciones estratégicas; y hasta el MAS, pese a sus mayorías, recurrió a cuotas de poder para mantener cohesión política.
Ahora, la lógica será la misma. “Yo te doy, tú me das” será la fórmula para garantizar estabilidad: ministerios como Economía, Gobierno o Hidrocarburos estarán en la mesa; empresas estatales como YPFB, ENDE, BOA, Aduana o Impuestos serán parte de la negociación; y hasta la diplomacia puede servir de moneda de cambio.
Rodrigo Paz parte con ventaja al contar con el respaldo explícito de Samuel Doria Medina, lo que anticipa una alianza que deberá traducirse en espacios de poder compartido. En el caso de Tuto Quiroga, con menor base parlamentaria, la necesidad de armar un gobierno de coalición más amplio lo obliga a abrir la puerta de ministerios y entidades a sectores que le garanticen votos en la Asamblea.
El MAS, debilitado pero aún con presencia en bancadas y gobernaciones, también podría convertirse en actor bisagra en debates claves, especialmente en materia económica.
En definitiva, Bolivia elegirá presidente en octubre, pero la gobernabilidad se definirá en negociaciones posteriores, donde el reparto de instituciones será el costo inevitable de cualquier alianza. El resultado en las urnas marcará quién lidera, pero la política del “pacto” decidirá cómo se gobierna.
Por Juan Flores para CalleBolivia
