Las dimisiones se dieron en una semana marcada por la incertidumbre. Entre los que dejaron sus cargos figuran Omar Alarcón (presidente de Yacimientos de Litio Bolivianos), Germán Jiménez (director de la Agencia Nacional de Hidrocarburos), Jaime Durán (gerente de la Gestora Pública), Franklin Flores (gerente de Emapa) y Raúl Mayta (viceministro de Exploración y Explotación de Recursos Energéticos). Todos manejaban áreas sensibles de la economía y la gestión estatal.
Novillo defendió que renunciar es un derecho legítimo, y que hacerlo en esta etapa no debería prestarse a “especulaciones malintencionadas”. Subrayó que, al menos en el Ministerio de Defensa, los viceministros y directores continuarán en sus funciones hasta el final del mandato, garantizando la transición institucional.
Sin embargo, en la opinión pública el mensaje oficial no logra borrar la percepción de que las renuncias responden a un clima de descomposición política tras la derrota electoral del oficialismo y a semanas de definirse el nuevo gobierno en segunda vuelta entre Tuto Quiroga y Rodrigo Paz.
En las calles, la metáfora del barco que se hunde se repite como explicación popular: para muchos, los que ahora se apartan buscan cuidar su futuro antes de un relevo de poder. La narrativa de Novillo, centrada en el respeto a decisiones individuales, choca con el sentimiento ciudadano de que la política boliviana suele estar marcada por el abandono en tiempos de crisis.
Redacción central Cochabamba
