Urioste asume una Fiscalía golpeada por cuestionamientos y en medio de una crisis institucional que terminó con la suspensión de Roger Mariaca y la designación de un nuevo interino.
Su mandato es temporal: 90 días o hasta que la Asamblea Legislativa designe al fiscal general titular. El reloj, por tanto, corre desde el primer día.
Lara le pidió resultados contra la corrupción, pero también le marcó límites jurídicos. Esa combinación es importante: limpiar no significa perseguir; investigar no significa condenar; y abrir procesos no reemplaza la obligación de probar los hechos.
Urioste, por su parte, aseguró que no se tapará ningún proceso y lanzó una advertencia contra quienes pretendan ofrecerle dinero. Su frase sobre los bolsillos vacíos puede convertirse en una señal de integridad, pero también en una promesa que deberá ser comprobada cuando termine su gestión.
La prueba estará en los expedientes.
Deberá revisar casos cuestionados, garantizar el debido proceso y evitar que las decisiones fiscales respondan a intereses partidarios, presiones mediáticas o instrucciones del poder.
Porque una Fiscalía independiente no se demuestra con un discurso de posesión. Se demuestra cuando el fiscal puede investigar al adversario y también al aliado, cuando la evidencia pesa más que la política y cuando nadie recibe protección por su cercanía al poder.
Lara le entregó una misión: limpiar la Fiscalía.
Urioste acaba de asumir otra, quizá más difícil: demostrar que puede hacerlo sin convertirse en el fiscal de quien lo posesionó.
Y cuando termine su interinato, la frase de los bolsillos vacíos tendrá una sola forma de ser medida: por sus decisiones y por lo que deje detrás.
Por Equipo de redacción
