Según la analista política Elena Poma, “Arce ya no tiene espacio en la Casa Grande del Pueblo ni en el discurso nacional. Perdió credibilidad al sumir al país en una crisis profunda, marcada por inflación, falta de dólares y desconfianza institucional”.
Su cuestionamiento, responde más a un destrozado partido que casi se sepultó en las pasadas elecciones que a una estrategia real de oposición.
Por su parte, Rodrigo Paz ha sido claro en su postura. En recientes declaraciones, afirmó que su gobierno restablecerá las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y con la administración de Donald Trump, subrayando que Bolivia necesita “recuperar la confianza internacional y volver a generar oportunidades para su gente”.
Esa visión pragmática, en contraste con el discurso antiimperialista del MAS, marca un giro histórico en la política exterior boliviana. Mientras Arce insiste en advertir sobre “entreguismos”, Paz apuesta por el reencuentro diplomático como herramienta para atraer inversión y abrir mercados.
En la práctica, los cuestionamientos del exmandatario suenan más a una reacción simbólica que a una advertencia con efecto político. Su etapa parece cerrada, y la transición hacia un nuevo modelo de gobierno con sello propio avanza con señales de orden y apertura.
Redacción central Cochabamba
