La crisis de Boliviana de Aviación (BoA) vuelve a encender un debate que el país ha postergado por años: ¿cómo sacar a la aerolínea del deterioro operativo y financiero sin repetir los errores del pasado? Mientras diversas voces piden discutir el modelo aéreo nacional, emergen dos posturas con enfoques diametralmente opuestos: abrir el mercado para que BoA compita como cualquier otra empresa o convertirla en una Sociedad Anónima con mayoría estatal, como propone Samuel Doria Medina.
Doria Medina plantea que BoA debe reorganizarse como una S.A. para manejar sus recursos con autonomía, dejar de depender del Tesoro y atraer capitales privados. Sin embargo, detrás de este discurso técnico aparece una lectura inevitable: el modelo que sugiere facilita la creación de acciones y la entrada de inversionistas minoritarios, un mecanismo que él mismo ha utilizado en el pasado para consolidar participaciones empresariales estratégicas. Convertir a BoA en una S.A. no solo permitiría sanear su administración, sino también abriría un camino transparente y legal para que grupos privados adquieran participación en una empresa que hoy es 100% estatal.
Frente a ese escenario, surge una alternativa más estructural: abrir el mercado aéreo boliviano a la competencia real, eliminando privilegios, subsidios encubiertos y tratos preferenciales. Esta propuesta sostiene que BoA debe operar bajo las mismas reglas y controles que cualquier otra aerolínea, sin ventajas derivadas de su condición pública y sin depender del Tesoro General de la Nación. En un mercado abierto y regulado, la calidad del servicio, la puntualidad y las tarifas serían los verdaderos factores de supervivencia, y no la protección estatal, como indica un aeronáutico que prefiere el anonimato pero que presto servicios en BOA.
El debate, por tanto, no solo es técnico, sino político y económico: ¿modernizar BoA para que pueda recibir capital privado o transformar el mercado aéreo para que la competencia discipline al propio sistema? Mientras la propuesta de Samuel ofrece una solución que también podría acomodar intereses empresariales, la apertura plena del mercado apunta a un rediseño más profundo orientado al usuario, a la eficiencia y a la transparencia.
Redacción central Cochabamba
