Ni las luces, ni las cenas familiares, ni la pausa espiritual de la Navidad lograron detener a la Central Obrera Boliviana. Mientras gran parte del país apagaba el ritmo por las fiestas, la COB marchó este 25 de diciembre contra el Decreto Supremo 5503, una norma que los trabajadores consideran el ajuste más duro en décadas. La postal navideña de La Paz tuvo otro protagonista: una columna sindical que, en lugar de villancicos, entonaba consignas contra el fin de los subsidios y el incremento de combustibles.
El rechazo al DS 5503 se ha convertido en el mayor punto de quiebre entre el Gobierno de Rodrigo Paz y el movimiento obrero en años recientes. La COB sostiene que el decreto “golpea a los hogares de menores ingresos” mientras “protege a los grandes capitales”, un discurso que resuena con fuerza en sectores populares que ya sienten la presión de la inflación y el encarecimiento del transporte. Su secretario ejecutivo, Mario Argollo, llamó a la población a “tomar conciencia” del impacto real del ajuste, el mismo día en que millones celebraban Navidad.
El Gobierno defiende el decreto como una medida “técnica y necesaria” para enfrentar la emergencia económica, energética y fiscal del país. Sin embargo, la eliminación de subsidios y la reestructuración de los precios de combustibles han sido percibidas como un golpe directo a los bolsillos de trabajadores y familias de ingresos medios y bajos. La narrativa oficial de “estabilidad futura” no ha logrado contrarrestar el relato sindical de que el ajuste recae sobre quienes menos tienen.
Lo que ocurrió este 25 de diciembre deja una señal clara: la crisis económica atraviesa incluso el calendario más simbólico del año. La protesta navideña de la COB no solo cuestiona el Decreto 5503, sino que expone la profundidad del malestar social y el desgaste del pacto histórico entre el Estado y los trabajadores. En Bolivia, la Navidad ya no fue solo celebración: fue el reflejo de un país que debate cómo, y sobre quién, debe caer el costo del ajuste.
Redacción central La Paz
