En las horas previas al inicio del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026 —conocido como el “Davos latinoamericano”— la Ciudad de Panamá vive un inusual despliegue diplomático, logístico y mediático. Hoteles copados por delegaciones oficiales, caravanas de seguridad recorriendo el centro financiero y equipos de prensa instalando estudios móviles anticipan la magnitud del evento que reunirá a más de 2.500 líderes políticos, empresariales y multilaterales. En ese escenario, la llegada del boliviano Rodrigo Paz no pasó desapercibida, sumándose a una lista de mandatarios y figuras de peso regional que ya comenzaron reuniones bilaterales, encuentros reservados y agendas técnicas horas antes de la inauguración oficial.
La presencia de Paz en este foro de alto nivel proyecta una señal clara de posicionamiento internacional y búsqueda de protagonismo regional. En los pasillos del centro de convenciones, donde se cruzan ministros de Economía, CEOs de fondos de inversión, representantes de organismos financieros y expertos en transición energética, su agenda se enfoca en contactos estratégicos vinculados a inversión productiva, infraestructura, innovación y cooperación. Para Bolivia, este tipo de participación funciona como vitrina para reposicionar al país en un contexto de reconfiguración de cadenas de valor, minería sostenible y nuevas oportunidades energéticas en América Latina.
Las horas previas al evento también estuvieron marcadas por reuniones cerradas, sesiones preparatorias y encuentros informales que suelen definir alianzas, discursos y prioridades antes de las plenarias. Delegaciones de Brasil, Colombia, Ecuador, Centroamérica y el Caribe ajustaron posiciones sobre crecimiento, estabilidad macroeconómica y competitividad, mientras equipos técnicos afinaban propuestas para ruedas de negocios y espacios de matchmaking. En ese clima de negociaciones silenciosas y diplomacia activa, la presencia de Paz es leída como una apuesta por insertarse en la conversación estratégica regional y construir una red de contactos con impacto político y económico.
Más allá del protocolo, la participación del boliviano en el llamado Davos latinoamericano también envía un mensaje al escenario interno: liderazgo, visibilidad internacional y capacidad de diálogo con actores globales. En un momento de incertidumbre económica y tensiones geopolíticas, el foro busca proyectar a América Latina como una “región de soluciones”, y la presencia de representantes bolivianos en ese espacio refuerza la narrativa de apertura, modernización e integración. Panamá, convertida por estos días en epicentro del debate continental, se transforma así en un termómetro del reposicionamiento político y económico que varios actores regionales —entre ellos Paz— buscan capitalizar.
Alberto Miranda para CalleBolivia
