La salida del anterior ministro de Defensa ocurre en uno de los momentos más delicados para la administración de Rodrigo Paz. Con movilizaciones sociales, bloqueos y demandas de renuncia presidencial en distintos puntos del país, el Gobierno optó por una figura con experiencia en seguridad, trayectoria política y contactos internacionales.
Justiniano no es un desconocido en la administración pública. Fue viceministro de Defensa Social durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada y regresó a la función pública en 2025 para encabezar nuevamente la lucha antidrogas. Desde ese cargo impulsó el acercamiento con Estados Unidos y participó activamente en reuniones con autoridades de ese país para fortalecer la cooperación en materia de seguridad y combate al narcotráfico.
Durante los últimos meses se convirtió en una de las voces más visibles del Ejecutivo en temas vinculados a la coordinación internacional, especialmente en el proceso de reconstrucción de relaciones con agencias estadounidenses. Ese rol le otorgó una influencia política que ahora parece trasladarse al Ministerio de Defensa.
La decisión también tiene una lectura política. A diferencia de otros ministros que llegaron desde el ámbito militar o técnico, Justiniano arriba con un perfil marcadamente político y con experiencia en la articulación de alianzas nacionales e internacionales. Su nombramiento puede interpretarse como una señal de que el Gobierno busca fortalecer el control político de una cartera clave en medio de una creciente crisis de gobernabilidad.
En ese contexto, la designación trasciende un simple relevo ministerial. Representa la llegada a Defensa de una figura que ha sido parte central de la estrategia de seguridad del Ejecutivo y uno de los principales interlocutores del Estado boliviano con Washington.
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Por Equipo de redacción
