Vie. Oct 2nd, 2026

Día: 3 de agosto de 2026

Paz cambia a Lupo, pero no le cierra la puerta: confianza para Aramayo y reconocimiento para su antecesor

José Luis Lupo deja el Ministerio de la Presidencia con una salida que dice tanto por lo que ocurre como por lo que no ocurre. Rodrigo Paz prescinde de él de uno de los puestos más cercanos al poder presidencial, pero no le cierra la puerta: agradece su paso por el Gobierno y lo proyecta hacia una representación internacional. La señal parece clara: Lupo no era parte del círculo de confianza más estrecho del Presidente, pero Paz tampoco quiso convertir esa diferencia en una factura política.

Rodrigo Paz evalúa su Gobierno y mueve fichas: Aramayo y Huanca asumen el desafío de articular al Ejecutivo

Rodrigo Paz parece haber llegado a una conclusión después de evaluar dos piezas sensibles de su Gobierno: la Presidencia necesita más capacidad de articulación y la Cancillería necesita continuidad. El movimiento explica mejor que cualquier discurso el cambio de Fernando Aramayo y Héctor Huanca: uno deja la política exterior para convertirse en una pieza central de la coordinación interna; el otro asciende desde el Viceministerio para mantener el rumbo diplomático. La pregunta ya no es por qué se movieron las fichas, sino si el nuevo tablero hará que el Gobierno funcione mejor.

Evo Morales pone a prueba la autoridad de Rodrigo Paz ante la contradicción entre Policía y Gobierno

Un Gobierno pierde autoridad cuando sus propias instituciones empiezan a hablar con voces distintas sobre el cumplimiento de una orden judicial. El comandante general de la Policía, Mirko Sokol, afirma que detener a Evo Morales no es una prioridad; horas después, el ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, sostiene exactamente lo contrario y ratifica que su captura sí constituye una tarea prioritaria. El problema ya no es solamente Morales: es quién manda y quién fija la línea del Gobierno.

El boliviano se devalúa y los salarios pierden terreno: el golpe más duro llega a los jubilados

En la planilla, el salario puede seguir siendo el mismo. En la calle, ya no compra lo mismo. Esa es una de las caras menos visibles de la devaluación del boliviano: mientras las cifras nominales permanecen intactas, el poder adquisitivo se erosiona. Y entre quienes sienten primero el golpe están los jubilados, porque una renta fija no puede correr detrás de una moneda que pierde valor.

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