El tilcayo es un pequeño felino del grupo de los llamados gatos tigre sudamericanos. Los análisis genéticos permitieron establecer que constituye una especie diferente de otros felinos con los que anteriormente era confundido y que su linaje se separó de sus parientes hace aproximadamente 1,4 millones de años. El estudio, realizado con ejemplares de distintos puntos de Sudamérica, también permitió distinguir cinco especies dentro de un grupo que antes era considerado mucho más uniforme. El hallazgo del tilcayo es considerado la primera descripción científica de una nueva especie de felino silvestre en más de un siglo.
Detrás de esa identificación hay una historia boliviana. Paola Nogales Ascarrunz, investigadora del Instituto de Investigaciones Químicas de la UMSA, y Enzo Aliaga-Rossel, del Instituto de Ecología de la misma universidad, impulsaron los primeros análisis del felino hace casi cinco años. Parte de las primeras extracciones de ADN y pruebas se realizó en el Laboratorio de Genética Molecular de la UMSA, como parte de un trabajo que posteriormente se integró a un equipo internacional.
El nombre tampoco nació en un laboratorio. Tilcayo es la denominación utilizada tradicionalmente por comunidades de los Yungas para este pequeño gato montés y los investigadores decidieron conservarla como reconocimiento al conocimiento local. Es una particularidad que hace todavía más singular el descubrimiento: la ciencia internacional acaba de confirmar algo que los habitantes de esos bosques ya habían observado y nombrado.
Pero conocer el nombre científico es apenas el comienzo. Los propios investigadores advierten que todavía falta determinar con precisión dónde vive el tilcayo, cuántos ejemplares existen en estado silvestre, cómo se reproduce y cuáles son sus necesidades de hábitat. Entre las amenazas señaladas están la pérdida de bosques, la caza asociada a conflictos con aves de corral y el mascotismo.
Y ahí aparece la dimensión mayor del descubrimiento. El verdadero patrimonio no es solamente el tilcayo: es el bosque que permitió que siguiera existiendo. Los Yungas son un ecosistema de enorme diversidad y el hallazgo demuestra que incluso entre especies de un grupo aparentemente conocido todavía pueden aparecer sorpresas científicas. Al mismo tiempo, la región enfrenta presiones como la deforestación, los incendios y la actividad minera.
Por eso, el descubrimiento del tilcayo debería leerse también como una llamada a conocer antes de destruir. Si la ciencia recién acaba de darle su “certificado de nacimiento” a una especie que llevaba millones de años en los Yungas, el desafío ahora es que Bolivia pueda estudiar, conservar y proteger el ecosistema que la hizo posible.
Una nueva especie para el mundo salió de Bolivia. Ahora queda demostrar que también sabemos cuidar el mundo que la guardó durante millones de años.
Por Equipo de redacción
