Paz sostuvo este 18 de septiembre que los recursos del FMI servirán para “estabilizar, fortalecer y desarrollar” la economía, en una jornada marcada por la aprobación del financiamiento en la Cámara de Diputados y su remisión al Senado. El Gobierno plantea que las divisas permitan fortalecer las reservas internacionales, mejorar el flujo de dólares y contribuir a la estabilización del mercado cambiario.
La precisión es importante: se trata de financiamiento, no de un regalo. Bolivia contrae una obligación que deberá atender en el futuro, por lo que los $us 1.900 millones no pueden analizarse solamente como recursos que ingresan hoy a la economía, sino también como una deuda que tendrá que ser pagada bajo las condiciones establecidas en el programa con el FMI.
El acuerdo de 36 meses plantea una corrección más amplia que la simple obtención de dólares. El programa busca reconstruir las reservas internacionales, reducir el déficit fiscal, fortalecer la posición externa y colocar la deuda pública en una trayectoria descendente. Para ello contempla medidas de racionalización del gasto, movilización de ingresos y cambios en la política cambiaria y monetaria.
El propio diseño del programa muestra por qué Paz insiste en que el crédito no está destinado simplemente a “gastar”. El objetivo es utilizar el financiamiento como parte de una estrategia de estabilización que permita corregir los desequilibrios que llevaron a Bolivia a necesitar financiamiento externo.
Pero la otra mitad de la ecuación es igual de importante. El Gobierno tendrá que conseguir que esa estabilización se traduzca en una economía capaz de generar los recursos necesarios para cumplir sus obligaciones financieras. El programa apuesta a una recuperación de la actividad económica, mayores ingresos fiscales, fortalecimiento de las reservas y una mayor participación de la inversión privada.
Además, el acuerdo con el FMI tiene consecuencias que van más allá del crédito. El programa contempla una reducción de los desequilibrios fiscales y cambios estructurales, entre ellos la eliminación de la subvención a los combustibles prevista para 2027. Por eso, el debate no termina con la llegada de los dólares: comienza con lo que el Gobierno haga para que esos recursos ayuden a estabilizar la economía y no terminen convirtiéndose en una nueva fuente de endeudamiento.
Paz presenta el financiamiento como una herramienta para salir de la crisis y no como una bolsa de dinero para sostener el gasto. La apuesta es que la estabilización permita recuperar reservas, ordenar las cuentas públicas y generar condiciones para que Bolivia pueda volver a crecer y pagar sus obligaciones. Eso es el objetivo declarado del programa; demostrar que funciona será la tarea del Gobierno.
Por Equipo de redacción
