Dom. Ago 23rd, 2026

Santa Cruz, entre la asfixia económica y el riesgo alimentario

La falta de dólares para importar diésel y gasolina ha expuesto una vulnerabilidad crítica en Bolivia: la amenaza a la producción agrícola en Santa Cruz, principal proveedor de alimentos y exportaciones agropecuarias. Sin combustible, la siembra de 2025 peligra, y con ella, la estabilidad alimentaria y económica del país. Mientras el gobierno mantiene restricciones a las exportaciones, el tiempo para evitar un colapso se agota.

Bolivia enfrenta una crisis que no solo afecta a los surtidores, sino al corazón de su economía: la producción agrícola. La persistente escasez de combustible ha puesto en jaque a Santa Cruz, motor agroindustrial del país, donde la falta de diésel amenaza con paralizar la siembra de 2025, comprometiendo la seguridad alimentaria y las exportaciones.

El presidente de YPFB, Armin Dorgathen, fue claro: ni siquiera la eliminación de los subsidios solucionaría el problema de fondo. La raíz de la crisis está en la falta de divisas para importar diésel y gasolina, un problema que el gobierno aún no resuelve con medidas estructurales.

Santa Cruz aporta el 70% de los alimentos consumidos en Bolivia y el 80% de las exportaciones agropecuarias, con un valor superior a los $us 2.700 millones en 2023. Sin embargo, la falta de combustible está golpeando la campaña agrícola actual. Sin diésel para tractores, transporte y maquinaria, la producción futura está en riesgo. No se trata de un problema a mediano plazo, sino de una emergencia inmediata: si no se siembra ahora, no habrá cosecha antes de fin de año, lo que podría desencadenar inflación y desabastecimiento en pocos meses.

La pregunta clave es: ¿por qué no priorizar a Santa Cruz? Mientras se mantiene un control férreo sobre las exportaciones de productos clave como la soya y la carne, la falta de dólares impide importar el combustible necesario para sostener la producción agrícola. Según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), liberar estas exportaciones podría generar hasta $us 700 millones, suficientes para aliviar la crisis de divisas y asegurar los insumos para el sector productivo. Sin embargo, el gobierno sigue apostando por restricciones, argumentando la necesidad de proteger el mercado interno, sin considerar las consecuencias de una agricultura paralizada.

Pero la escasez de combustible no solo es un problema económico, sino también político. Santa Cruz, bastión opositor, parece estar pagando el costo de una visión económica que prioriza el control estatal sobre la apertura de mercado. Esta postura, sin embargo, no solo afecta a la región, sino que pone en riesgo la estabilidad de todo el país. Sin dólares no hay combustible; sin combustible no hay cosecha; sin cosecha, no hay alimentos ni estabilidad.

El gobierno reconoce la crisis, pero no actúa con la urgencia requerida. Bolivia necesita una estrategia clara y decisiva: garantizar el abastecimiento de diésel a los productores, flexibilizar las exportaciones para generar divisas y romper el círculo vicioso de la escasez. Si no se toman decisiones ahora, el país podría enfrentarse a una crisis alimentaria mucho antes de 2026. La solución está en Santa Cruz, pero el tiempo se agota.

Redacción central y agencias

Portada referencial gentileza Los Tiempos

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