La oposición boliviana atraviesa un momento crítico a poco más de cuatro meses de las elecciones generales del 17 de agosto de 2025. El Bloque de Unidad, alianza formada en diciembre pasado por Jorge «Tuto» Quiroga, Samuel Doria Medina, Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho, enfrenta una fractura interna que amenaza con desbaratar sus planes de presentar una candidatura única contra el Movimiento al Socialismo (MAS). En el centro del conflicto, Quiroga ha denunciado una “emboscada sistemática” orquestada, según Tuto, por Doria Medina, líder de Unidad Nacional (UN), quien habría incumplido acuerdos clave.
El detonante de la disputa fue el proceso de selección del candidato mediante tres encuestas simultáneas, acordadas como el mecanismo para unificar al bloque. Sin embargo, tras la convocatoria oficial del Tribunal Supremo Electoral (TSE) el 3 de abril, Quiroga cuestionó la legalidad de realizarlas en este momento, argumentando que podrían violar la normativa electoral y exponer a los precandidatos a inhabilitaciones. En una carta enviada al TSE el 6 de abril, se desvinculó del proceso y señaló a Doria Medina como el responsable exclusivo, exigiendo que presente los contratos con las encuestadoras.
Quiroga califica la situación como una “emboscada” porque, según Tuto, Doria Medina manipuló el proceso a su favor. Acusa al líder de UN de filtrar información sobre las encuestas antes de lo pactado, rompiendo la confidencialidad del bloque, y de organizarlas unilateralmente tras la convocatoria del TSE, un timing que podría ser interpretado como infracción. Para Quiroga, esto no es un error, sino un plan deliberado para aislarlo políticamente o comprometerlo legalmente, dejándolo fuera de la contienda.
Por su parte, Doria Medina ha rechazado las acusaciones, defendiendo la legalidad de las encuestas y afirmando que su único propósito es cumplir el compromiso de unidad. En respuesta, UN y sus seguidores han llamado a Quiroga a reflexionar, criticando su decisión de acudir al TSE como una ruptura del pacto interno, donde Carlos Mesa era el vocero oficial. Para ellos, el expresidente está actuando de forma divisionista, priorizando su ego sobre el objetivo común de derrotar al MAS.
Carlos Mesa, en su rol de mediador, ha intentado calmar las aguas, instando a Quiroga a reconsiderar su postura y recordando que la unidad es esencial frente a un MAS que, aunque fragmentado entre Evo Morales y Luis Arce, sigue siendo una fuerza dominante. Desde la cárcel, Camacho también ha respaldado seguir adelante con el plan original. Sin embargo, la desconfianza generada por las filtraciones y las acusaciones cruzadas ha puesto en jaque la cohesión del bloque.
El tiempo apremia: el 18 de abril es la fecha límite para registrar alianzas ante el TSE. Si el Bloque de Unidad no resuelve estas tensiones, corre el riesgo de fracturarse, debilitando sus posibilidades en las urnas. Analistas sugieren que, dado el deterioro del proceso de encuestas, la decisión final podría ser más política que técnica, dependiendo de quién logre imponer su narrativa en este enfrentamiento.
La crisis refleja una lucha de poder entre Quiroga y Doria Medina, pero también expone las dificultades históricas de la oposición boliviana para mantenerse unida.
Redacción central
