La carrera electoral 2025 se encuentra en una etapa crucial, marcada por un empate técnico entre Jorge “Tuto” Quiroga y Samuel Doria Medina, quienes disputan cabeza a cabeza la preferencia nacional. Sin embargo, lo que realmente preocupa a analistas y observadores políticos no es solo esta paridad, sino el enorme segmento del electorado que permanece indeciso, representando más del 20 % según la encuesta realizada por Spie Consulting para El Deber.
Este fenómeno del voto no definido va más allá de una simple indecisión. Refleja un descontento con la política tradicional y con los candidatos que, a pesar de su experiencia y trayectoria, no logran conectar con las expectativas reales de la población. En un contexto donde la polarización política ha sido una constante, esta volatilidad es indicativa de una sociedad que busca liderazgos renovados, auténticos y con propuestas concretas.
El desencanto se percibe especialmente en las regiones donde la competencia electoral es más reñida. Por ejemplo, en Santa Cruz, Samuel Doria Medina conserva una ligera ventaja sobre Tuto Quiroga, pero la diferencia se ha reducido a menos de dos puntos porcentuales, lo que evidencia una disputa abierta y la búsqueda de alternativas que inspiren confianza y esperanza.
Esta crisis de liderazgo plantea un desafío mayúsculo para los partidos políticos y candidatos: ya no basta con presentarse a la contienda electoral. Deben ser capaces de recuperar la confianza de un electorado cansado, escéptico y en busca de propuestas que vayan más allá de los discursos tradicionales y que atiendan las necesidades reales de la ciudadanía.
De cara al 17 de agosto, el voto no definido será la llave que determine quién podrá formar gobierno en Bolivia. Más allá de los nombres y las campañas, lo que está en juego es la posibilidad de reconstruir una relación sólida entre líderes y pueblo, basada en la confianza, la autenticidad y la esperanza de un futuro mejor.
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