El diputado Alberto Astorga irrumpió nuevamente en la escena política con una de sus acciones más provocadoras: colocar un traje de reo sobre el busto de Evo Morales ubicado en el edificio antiguo de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP). Junto a este gesto, lanzó una advertencia contundente: “A Evo Morales le quedan los días contados”, asegurando que un “nuevo presidente de la oposición” lo encarcelará.
Astorga ha hecho de la creatividad su sello. Desde derribar el busto de Morales en febrero de 2025, hasta colocarle un cartel con calificativos como “pedófilo, fraudulento y narcopolítico” en octubre de 2024, el legislador ha buscado mantener al expresidente —inhabilitado para las elecciones de 2025 por la sentencia constitucional 1010/2023— en el centro del debate político.
En esta ocasión, el gesto apunta a reforzar la narrativa de que Morales es un “cadáver político” y a proyectar una imagen de justicia inminente, apelando a la memoria del 21F y conectando con la llamada “generación pitita” y las plataformas ciudadanas que lo ven como un símbolo de autoritarismo. La referencia a procesos judiciales en Argentina por estupro y trata de personas añade peso a su mensaje.
Sin embargo, la táctica de Astorga no está libre de riesgos. La política boliviana es un terreno donde la sobreactuación puede volverse en contra: concentrar la atención en Morales, pese a su inhabilitación, podría interpretarse como una distracción frente a la necesidad de que la oposición construya un liderazgo claro y un proyecto político sólido para 2025. Además, sus acciones podrían alimentar la narrativa de victimización de Morales entre sus seguidores, fortaleciendo su influencia interna en el MAS.
Para algunos legisladores del oficialismo, como el diputado evista Héctor Arce, este tipo de actos no pasan de ser “infantiles” si no están respaldados por avances concretos, ya sea en unidad opositora o en resultados judiciales. No obstante, Astorga parece confiar en que el impacto visual y mediático de sus gestos ayude a mantener viva la presión sobre el Tribunal Supremo Electoral y el sistema judicial para que no cedan ante el MAS.
En un país donde las luchas políticas se alimentan tanto de las calles como de los símbolos, el traje de reo sobre el busto de Morales es una apuesta calculada que mezcla espectáculo y denuncia. El tiempo dirá si esta estrategia se traduce en una oposición fortalecida o queda como un acto más en el archivo de provocaciones políticas bolivianas.
Por Juan Flores para CalleBolivia
