María Galindo, la activista que convirtió la provocación en un método político, aceptó un reto poco común: debatir con Juan Pablo Velasco, candidato a la vicepresidencia por la Alianza Libre, pero bajo la condición de no usar insultos.
El acuerdo se gestó en redes sociales. Velasco lanzó el reto: “Si no hay ataques personales, si debatimos ideas, yo voy”. Galindo, fiel a su estilo mordaz, aceptó con una mezcla de ironía y pragmatismo: “Si es un trauma para él, puedo no decir malas palabras. Pero las preguntas las pongo yo”.
El pacto fija un formato de ring abierto: dos horas de transmisión en vivo, sin cortes ni edición, micrófonos abiertos todo el tiempo y libertad de abandonar el programa si alguno no tolera la presión.
Galindo, conocida por desnudar a los políticos a punta de sarcasmo, ahora tendrá que guardar su arsenal de palabras filosas. Velasco, en cambio, busca instalarse como el candidato que defiende el debate de ideas por encima de las descalificaciones.
El encuentro aún no tiene fecha, pero ya genera expectativa. ¿Será un pacto histórico de respeto en tiempos de polarización o un show inevitable donde Galindo termine rompiendo el contrato con la lengua afilada que la caracteriza?
Redacción central La Paz
