En una noche donde los disfraces revelan más de lo que ocultan, la política boliviana volvió a convertirse en un teatro de sombras. Cada actor, con su propio hechizo, intenta convencer al pueblo de que lo peor ya pasó, aunque los sustos siguen apareciendo en los bolsillos y en las promesas.
El presidente Luis Arce se presenta como el fantasma de la estabilidad económica: jura que el dólar no asusta y que el modelo productivo sigue vivo. Sin embargo, los mercados tiemblan y los ciudadanos sienten que algo se mueve bajo la cama del Banco Central.
Evo Morales, con su capa de eterno candidato, recorre los caminos del Chapare repitiendo su conjuro favorito: “Yo volveré”. Algunos le temen, otros le siguen, y muchos solo esperan que no invoque una nueva elección inesperada.
Andrónico Rodríguez luce como el aprendiz de brujo. Tiene la escoba del MAS, pero no siempre sabe hacia dónde vuela. Entre hechizos y tensiones internas, intenta mantener a raya a los fantasmas del pasado que lo rondan.
Samuel Doria Medina llegó disfrazado de empresario inmortal, convencido de que puede resucitar la economía con una fórmula mágica de inversión y confianza. Mientras tanto, el país le pide una pócima que cure el desempleo.
Tuto Quiroga se viste de cazador de dictadores. Porta una estaca en una mano y un discurso en la otra, decidido a espantar los males del autoritarismo. El problema es que, a veces, los monstruos ya no lo escuchan.
Manfred Reyes Villa reaparece como el alcalde zombi. Dice que su gestión está más viva que nunca, pero algunos cochabambinos aseguran que huele raro en la Alcaldía.
Camacho, desde su castillo de San Pedro, manda mensajes desde el inframundo político. Su voz llega como un eco de ultratumba, recordando que incluso detrás de las rejas, algunos espíritus aún quieren gobernar.
Así, entre brujas del poder, vampiros del presupuesto y fantasmas del pasado, Bolivia celebra su propio Halloween político. Y mientras los niños piden dulces, los ciudadanos piden certezas. Pero en este aquelarre nacional, lo más difícil de encontrar sigue siendo la verdad.
Redacción central Cochabamba
