El evento, realizado en el Distrito 8 de El Alto —territorio con fuerte peso político y social—, tuvo un componente claro de gestión: mejorar la conectividad educativa con internet satelital. Sin embargo, el foco no quedó solo ahí.
La entrega de un vehículo a la dirigencia vecinal y el compromiso de construir una sede para la Fejuve introducen un elemento más delicado: el vínculo directo entre el poder Ejecutivo y organizaciones territoriales específicas.
Durante el gobierno de Evo Morales, este tipo de acciones fue una constante. Se consolidó una lógica donde el Estado no solo ejecutaba políticas públicas, sino que también fortalecía materialmente a organizaciones sociales aliadas, generando respaldo político pero también cuestionamientos sobre el uso de recursos públicos.
En el caso de Paz, la diferencia —por ahora— está en la escala. No se observa aún una política sistemática, pero el gesto en Senkata marca una señal política clara: entrar y disputar espacios en sectores históricamente influyentes.
Además, el contexto no es neutro. Con un calendario electoral activo y tensiones políticas latentes, cada acción en El Alto tiene lectura estratégica. Más aún cuando el acto no estuvo exento de reacciones mixtas, incluyendo momentos de rechazo.
Por Equipo de redacción
