La polémica comenzó cuando Evo Morales cuestionó la convocatoria del Gobierno para debatir el denominado esquema 50/50 con gobernadores y alcaldes, calificándola como «una mamada». Para el líder cocalero, la propuesta carece de sustento y representa una medida improvisada que, a su juicio, pone en riesgo la estabilidad económica del país.
La respuesta del presidente Rodrigo Paz no tardó en llegar. Durante una declaración pública, replicó con dureza: «El único mamón de este país es Evo Morales», acusando al exmandatario de haber consolidado durante casi dos décadas un modelo de concentración del poder y de los recursos en el Gobierno central.
Con esa frase, Paz intentó trasladar el debate desde el insulto hacia el contenido político de su propuesta. Sostuvo que el verdadero problema es el centralismo heredado de los años de gobierno del MAS y defendió la necesidad de que gobernaciones y municipios administren una mayor proporción de los recursos públicos para responder con mayor eficiencia a las demandas ciudadanas.
Sin embargo, el intercambio dejó en segundo plano la discusión de fondo. La propuesta del 50/50 busca reabrir un debate que Bolivia mantiene pendiente desde la aprobación de la Constitución Política del Estado: la redistribución de competencias y recursos mediante un nuevo pacto fiscal que fortalezca las autonomías departamentales y municipales.
Para analistas, el enfrentamiento también revela que la campaña política ha entrado en una etapa donde los mensajes buscan impactar más por la confrontación que por el contenido técnico. Mientras unos defienden una reforma profunda del modelo fiscal, otros advierten sobre los riesgos financieros que implicaría modificar la actual distribución de ingresos.
En redes sociales, el intercambio entre ambos líderes generó miles de reacciones. Más que discutir cifras o competencias, el foco se concentró en la frase de Paz y en la expresión utilizada previamente por Morales, alimentando un nuevo episodio de polarización política.
El desafío para el Gobierno será ahora volver a colocar el debate en el terreno de las propuestas. La redistribución de recursos entre el nivel central y las regiones es una discusión estructural para el futuro del Estado boliviano, pero el choque verbal entre sus principales protagonistas amenaza con convertir un debate institucional en una simple batalla de titulares.
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Por Equipo de redacción
