Jue. Oct 1st, 2026

Zúñiga

Zúñiga deja la cárcel con detención domiciliaria y el juicio entra en su fase decisiva para esclarecer la asonada militar

Tras varios intentos jurídicos de su defensa, el excomandante del Ejército Juan José Zúñiga dejó el penal de San Pedro para cumplir detención domiciliaria, una decisión que reaviva las interrogantes sobre uno de los episodios más controvertidos de la historia reciente de Bolivia. ¿Fue realmente un intento de golpe de Estado o un autogolpe, como sostiene el propio Zúñiga? ¿Qué papel desempeñaron las principales autoridades políticas y militares de entonces? ¿Qué motivó el despliegue militar del 26 de junio de 2024? Esas y otras preguntas deberán ser respondidas en el juicio, donde la justicia tendrá la responsabilidad de establecer la verdad de los hechos.

Justicia concede detención domiciliaria a Juan José Zúñiga y el exgeneral dejará la cárcel

Después de más de dos año en detención preventiva y tras reiterados intentos de su defensa por modificar su situación jurídica, el excomandante del Ejército, Juan José Zúñiga, finalmente obtuvo detención domiciliaria. La decisión judicial le permitirá salir de la cárcel y enfrentar desde su domicilio el proceso por la asonada militar del 26 de junio de 2024, uno de los casos más polémicos de los últimos años en Bolivia.

A dos años del 26J: Zúñiga rompe el silencio y la ausencia de una sentencia mantiene abierto el debate

Dos años después de la irrupción militar en Plaza Murillo que sacudió al país, el general Juan José Zúñiga reapareció con una carta desde la cárcel en la que se declara «preso político», reivindica a los militares procesados y asegura que la verdad sobre el 26 de junio de 2024 aún no ha sido contada. Su pronunciamiento coincide con una realidad que sigue generando interrogantes: a la fecha no existe una sentencia judicial que esclarezca de manera definitiva lo ocurrido aquel día.

Desde la cárcel, Zúñiga recibe a Luis Arce con una frase que ahora Bolivia comenta: “Bienvenido a la cárcel”

La caída de Luis Arce no solo sacudió al país: también reactivó viejos fantasmas. Desde la cárcel de El Abra, el general Juan José Zúñiga —el mismo que intentó derrocarlo con tanques— lanzó una frase que volvió a incendiar el tablero político. Lo escrito en una simple hoja desde prisión se transformó en un nuevo símbolo de su resentimiento, un mensaje cargado de rabia contra el hombre al que culpa de su propio derrumbe.

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