La dimisión de Morales, presentada formalmente el 27 de febrero de 2025 mediante un poder notariado, fue aceptada por el TSE tras un proceso administrativo no exento de dificultades. Un intento previo había sido rechazado por no realizarse de manera presencial, lo que obligó al expresidente a corregir su solicitud.
Su salida del MAS no es solo un trámite burocrático, sino el desenlace de una creciente fractura interna en el partido de gobierno. Desde su renuncia a la presidencia en 2019, Morales ha mantenido una relación tensa con el oficialismo, especialmente con el presidente Luis Arce, su exministro de Economía y actual líder de la facción gubernamental del MAS. Mientras algunos de sus seguidores han dejado el partido en solidaridad, los legisladores afines han optado por mantenerse en sus filas para no perder sus escaños en la Asamblea Legislativa.
Este movimiento político anticipa un nuevo escenario electoral. Con el FPV, Morales busca captar el respaldo de sectores campesinos, indígenas y bases históricas del MAS que aún lo ven como un referente de resistencia. Sin embargo, el desafío es consolidar su candidatura sin la maquinaria política del MAS y en un contexto de creciente polarización.
La salida de Morales marca un antes y un después para el MAS, que deberá definir su estrategia sin su fundador en sus filas. En tanto, el expresidente se prepara para enfrentar no solo al oficialismo, sino también a una oposición que sigue dividida, en una carrera electoral que promete ser una de las más inciertas desde el retorno de la democracia en Bolivia.
Redaccion central y agencias
