El idilio entre Donald Trump y Elon Musk, esa danza de egos y billetes que definió la campaña de 2024, empieza a tambalearse. En el centro de la tormenta: los aranceles, la bandera proteccionista de Trump que está golpeando el corazón de Tesla, el juguete favorito de Musk. ¿Es este el fin de su matrimonio de conveniencia? No tan rápido, pero las grietas son imposibles de ignorar.
Musk, el magnate que puso millones y su plataforma X al servicio de Trump, no está feliz. Los aranceles del 20% a importaciones, con amenazas de hasta 100% contra China, son un puñetazo directo a Tesla. La empresa, que depende de baterías y componentes chinos, vio sus ventas caer un 13% en el primer trimestre de 2025. Los precios suben, los consumidores huyen y los boicots de los anti-Trump en California no ayudan. Musk, siempre directo, llamó “imbécil” a Peter Navarro, el gurú arancelario de Trump, en un tuit que olía a traición. Navarro respondió tildándolo de “ensamblador de autos”. Ouch.
Pero no nos engañemos: esta no es una telenovela, es un cálculo frío. Musk necesita a Trump. Su rol en el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) le da poder para desregular y asegurar los $4 mil millones anuales en contratos de SpaceX con el gobierno. Trump, por su parte, no suelta fácilmente a un aliado que financia su agenda y le da megáfono en X. Es un interés mutuo puro y duro: Musk quiere acceso, Trump quiere dinero y narrativa.
Sin embargo, los aranceles son un misil al núcleo de esta alianza. Tesla no puede seguir sangrando mientras Trump agita su “América Primero”. Musk, que no es de los que se quedan callados, ya presiona por excepciones. ¿Cederá Trump, obsesionado con su base proteccionista? Difícil. ¿Se alejará Musk si Tesla sigue en picada? Probable. Los rumores de su salida de DOGE en mayo de 2025 sugieren que ya está recalculando su órbita.
El veredicto: este romance no está muerto, pero está en terapia intensiva. Musk y Trump son demasiado pragmáticos para quemar el puente, pero los aranceles muestran que incluso los aliados más poderosos chocan cuando los dólares están en juego. Si Trump no afloja o Musk no negocia, el próximo capítulo podría ser un divorcio caro. Por ahora, sigan sintonizando X: ahí se escribe el guion de esta saga.
Por Manuel Rodríguez, analista invitado
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