La Paz, 10 de junio de 2025 – Bolivia, el país con el internet más lento y costoso de América Latina, ha dicho «no» a Starlink, el servicio de internet satelital de Elon Musk, desatando un intenso debate sobre el futuro de la conectividad en la nación andina. La Agencia Boliviana Espacial, liderada por Iván Zambrana, justificó la decisión argumentando preocupaciones sobre la soberanía digital, el dominio tecnológico extranjero y la necesidad de proteger a los proveedores locales. Sin embargo, en un país donde solo el 50% de los hogares tiene acceso a banda ancha y las zonas rurales permanecen desconectadas, la medida ha generado críticas de quienes ven en Starlink una oportunidad para cerrar la brecha digital.
El rechazo ocurre en un contexto crítico. Bolivia depende del satélite Túpac Katari, de tecnología china, que se encuentra obsoleto y podría dejar de funcionar para 2028. Con velocidades promedio de internet de apenas 1.5 Mbps y costos que superan a los de sus vecinos, la población esperaba que Starlink, capaz de ofrecer hasta 150 Mbps incluso en áreas remotas, transformara la educación, la salud y la productividad. «Es inaceptable decirle no al futuro», expresó el empresario boliviano Marcelo Claure, quien prometió trabajar para conectar al país. «No hay progreso sin conexión, ni dignidad sin acceso», añadió en un mensaje que resonó en redes sociales.
El gobierno defiende su postura, alegando que ceder el control a una empresa como SpaceX podría comprometer la autonomía tecnológica. No es un caso aislado: países como Brasil también han explorado alternativas como SpaceSail por temores similares sobre la influencia de Musk. Sin embargo, la decisión ha polarizado opiniones. Para analistas, Bolivia enfrenta un dilema entre proteger su soberanía y abrazar una tecnología que podría igualar oportunidades entre el campo y la ciudad.
Mientras el debate continúa, la pregunta persiste: ¿podrá Bolivia equilibrar sus prioridades nacionales con la urgencia de un mundo hiperconectado? Claure y otros actores ya buscan soluciones, pero el tiempo apremia en un país donde la conectividad sigue siendo un lujo.
Redacción central
Portada gentileza Starlink
