“La propuesta de Andrónico Rodríguez no es renovación, es nostalgia disfrazada”, advirtió el economista y analista político Gonzalo Chávez, tras la presentación de las diez propuestas económicas y sociales del presidente del Senado, quien busca posicionarse como candidato presidencial rumbo a 2025. Para Chávez, Rodríguez recurre a un modelo estatalista que ya mostró signos de agotamiento, prometiendo más Estado obeso, más informalidad económica, más deuda pública y ninguna autocrítica frente a los errores del pasado.
Rodríguez presentó su plan como la apertura de “nuevos derechos” para la población boliviana. Entre ellos destacan el derecho a la industrialización con soberanía, donde el Estado mantiene el control total sobre recursos estratégicos como el litio y el gas; el derecho al empleo digno garantizado por el Estado, que refuerza la visión del aparato público como generador de empleo; y el derecho a la alimentación soberana, que apuesta por proteger el mercado interno y subsidiar la producción nacional. También propuso ampliar el acceso gratuito a tecnología e internet, mantener los combustibles subvencionados, expandir la vivienda social y universalizar la seguridad social pública. La educación técnica productiva, servicios financieros accesibles bajo regulación estatal y la protección del medio ambiente con enfoque comunitario completan las diez medidas anunciadas.
Aunque el discurso apela a la justicia social, los críticos advierten que estas ideas no traen innovación ni soluciones a problemas actuales como el déficit fiscal estructural, la baja productividad del sector privado y la creciente informalidad laboral. Para analistas como Chávez, el plan económico de Rodríguez es una reedición del Modelo Económico Social Comunitario Productivo, que el MAS implementó desde 2006, sostenido por la bonanza de los precios internacionales de las materias primas, pero que hoy enfrenta un contexto mucho más adverso.
Desde una perspectiva ideológica, el plan de Rodríguez mantiene los rasgos clásicos de la izquierda populista latinoamericana: un Estado centralizador, redistribuidor y protector de sectores vulnerables, pero sin mecanismos de sostenibilidad fiscal a largo plazo ni apertura a nuevas formas de desarrollo productivo. No propone reformas fiscales progresivas, ni políticas que fomenten la inversión privada o la diversificación económica; tampoco apunta a una transición ecológica o digital de fondo. Por otro lado, sus propuestas están lejos de un enfoque liberal o de derecha, ya que no contempla la reducción del tamaño del Estado, la flexibilización del mercado laboral ni la liberalización comercial.
Políticamente, Rodríguez busca diferenciarse de Evo Morales y Luis Arce. Aunque ideológicamente sigue reivindicando el proceso de cambio, legalmente Andrónico ha optado por el Frente Para la Victoria (FPV) como su plataforma electoral, debido a que el MAS-IPSP está bajo el control legal de otros actores. En este escenario, su desafío es convencer a la población de que representa una renovación y no una repetición del pasado, en un contexto donde los márgenes fiscales y sociales del modelo que defiende están cada vez más reducidos.
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