David Choquehuanca, excanciller y actual vicepresidente de Bolivia, ha vuelto al centro del debate político tras una contundente crítica del periodista Raúl Peñaranda, quien aseguró que el segundo hombre del Ejecutivo “pasará a la historia como el ser más anodino”. La frase, publicada en redes sociales, resume el sentir de varios sectores críticos que perciben en Choquehuanca una figura más simbólica que ejecutiva, con un largo historial en el poder pero escasos logros que mostrar.
Durante su paso por la Cancillería (2006–2017), Choquehuanca promovió el concepto andino del “Vivir Bien”, una visión filosófica basada en la armonía entre los pueblos y la naturaleza. Sin embargo, su gestión enfrentó serias observaciones por la falta de resultados concretos en política exterior. Un episodio clave fue la demanda marítima ante la Corte Internacional de Justicia, que concluyó con un fallo desfavorable para Bolivia. Algunos analistas atribuyen este desenlace a una estrategia diplomática débil y a un liderazgo ausente en momentos decisivos. Más tarde, informes del gobierno transitorio de Jeanine Áñez señalaron presuntos actos de corrupción y la contratación de personal sin la formación requerida en su etapa como canciller, sumando más sombras a su trayectoria.
Como vicepresidente desde 2020, Choquehuanca ha mantenido un perfil bajo, centrado en discursos sobre el “Pachakuti”, el equilibrio cósmico y el respeto a la madre tierra. Aunque este enfoque ha tenido eco en círculos académicos y culturales, especialmente con la presentación de su libro Geopolítica del Vivir Bien en México en 2023, sus ideas no se han traducido en políticas públicas visibles ni en reformas estructurales que impacten la vida cotidiana de los bolivianos. Peñaranda remarca que en este tiempo Choquehuanca ha cobrado cerca de 4,94 millones de bolivianos en salarios —sin incluir viáticos—, a cambio de una gestión que él califica como “penosa” y sin aportes reales al país.
La percepción de inacción se intensificó recientemente, en julio de 2025, cuando la Vicepresidencia contrató a un historiador por 50.000 bolivianos para documentar los presuntos logros de Choquehuanca. El gasto fue duramente cuestionado por usuarios y analistas, como @CarlosMoreira_F y @vision360_bo, quienes lo consideraron un intento artificial de construir un legado donde no hay hechos. Incluso figuras que valoran la espiritualidad indígena han expresado su decepción por la ausencia de políticas efectivas para proteger los derechos de los pueblos originarios frente al avance de proyectos extractivistas promovidos por el propio gobierno.
A pesar de sus raíces aimaras y su vínculo con movimientos sociales, el rol de Choquehuanca ha sido más funcional al equilibrio interno del MAS que transformador para el país. Su presencia en la fórmula electoral de 2020 fue interpretada como una señal de reconciliación entre sectores del partido, pero con el tiempo ha quedado relegado a un segundo plano, sin liderazgo visible en temas económicos, sociales o legislativos. En un entorno político cada vez más polarizado y con expectativas crecientes de renovación, la figura del vicepresidente parece encarnar el desgaste del simbolismo sin sustancia.
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