Durante su estadía en Paraguay, los populares creadores de contenido no solo exploraron el país como destino turístico, sino que también destacaron públicamente las facilidades que ofrece para quienes desean emprender o trasladar su negocio. Entre los puntos más resaltados están el sistema impositivo simplificado, la baja carga tributaria (con un IVA del 10%), la territorialidad fiscal —que solo grava ingresos generados dentro del país—, y un proceso burocrático ágil para formalizar negocios y obtener residencia legal.
Este contraste no pasó desapercibido para los seguidores de los influencers, muchos de los cuales también enfrentan dificultades similares en Bolivia: normativas complejas, requisitos múltiples de diferentes entidades estatales, municipales y departamentales, y un sistema tributario que no siempre se adapta a los modelos modernos de negocio.
Uno de los casos que más resonó fue el de un empresario alteño que, cansado de los obstáculos para formalizar su emprendimiento, decidió migrar a Paraguay. Su experiencia refleja un fenómeno creciente: emprendedores bolivianos que prefieren trasladar sus ideas y operaciones al país guaraní, donde se sienten más respaldados y menos ahogados por la burocracia.
Paraguay se está consolidando como un hub de negocios en la región. Con políticas claras y procesos ágiles, atrae no solo a inversionistas internacionales, sino también a pequeños y medianos empresarios que buscan crecer sin tantas trabas. Incluso obtener una residencia permanente en Paraguay es más accesible que en muchos otros países, siempre que se demuestren vínculos económicos o una residencia temporal previa.
En contraste, Bolivia mantiene un sistema que muchos consideran restrictivo. Emprender implica cumplir con múltiples registros (FUNDEMPRESA, impuestos nacionales, gobiernos municipales y gobernaciones), además de lidiar con fiscalización constante. A esto se suma una percepción de falta de incentivos reales para emprendedores, lo que termina desmotivando o empujando al sector informal a miles de pequeños negocios.
Este fenómeno debería encender las alertas. No se trata solo de una fuga de talentos o capitales, sino de una oportunidad perdida para Bolivia. Si el país optara por simplificar los procesos, unificar registros y brindar condiciones más favorables a sus propios emprendedores, no solo evitaría que se vayan, sino que también podría atraer inversiones externas.
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