El ring político boliviano está encendido, pero la gente ya no quiere más golpes bajos. Edman Lara, candidato a la vicepresidencia por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), dio un paso atrás y pidió perdón por sus declaraciones “exageradas” que incendiaron las redes sociales. “Por la rabia contra los que hacen trampa, me excedí. Pido disculpas, todos tenemos un mal día”, reconoció el ex policía que sorprendió al llevar al PDC al 32% en la primera vuelta del 17 de agosto.
Su mea culpa llega en un momento clave: el PDC se enfrenta a la alianza Libre de Jorge “Tuto” Quiroga en la segunda vuelta del 19 de octubre, en un país al borde del colapso económico y con un sistema judicial en crisis.
Hoy Bolivia vive con apenas 47 millones de dólares en reservas líquidas, una inflación del 10% y un dólar paralelo que ya se cotiza a Bs 13. La escasez de combustible, el encarecimiento de alimentos y las protestas en carreteras son el reflejo de una economía sin oxígeno. A esto se suma un sistema judicial en coma, con magistrados prorrogados y un país ubicado en el puesto 133 de 180 en el índice de corrupción.
Los candidatos lanzan propuestas: Rodrigo Paz apuesta por la descentralización, Quiroga por abrir la economía, y los expertos coinciden en que la justicia debe limpiarse con meritocracia. Pero desde las calles surge otra voz que desnuda el verdadero debate.
Andrea Mamani, vendedora ambulante de La Paz, lo dijo sin rodeos: “¡Basta de insultos entre políticos! Queremos saber cómo van a arreglar la economía y la justicia”. Su reclamo, crudo y real, no solo refleja el cansancio ciudadano, sino que podría marcar la agenda de una elección donde la gente pide acción, no show.
En un país donde los discursos se cruzan con insultos y las redes amplifican el show, Andrea representa a millones de bolivianos que quieren menos circo y más soluciones.
Redaccion central
