Vie. Oct 2nd, 2026

Llegó el celu, pero no puede gobernarnos

En Bolivia, el celular se volvió el compañero inseparable: sirve para trabajar, entretenerse y hasta para reemplazar conversaciones cara a cara. Pero esa dependencia ya pasa factura con ansiedad, insomnio y desconexión de la vida real. En un país tan rico en cultura, comunidad y naturaleza, la desintoxicación digital se convierte en un camino urgente para recuperar lo esencial y vivir con más equilibrio.

En Bolivia solemos decir que el celular es la empleada perfecta, el amigo ideal y el mejor escenario de diversión. Pero esa frase tan repetida en la calle esconde un problema real: vivimos pegados a la pantalla. La hiperconexión nos ayuda a trabajar, estudiar y comunicarnos, pero también nos está robando la paz. Ansiedad, insomnio, falta de concentración y relaciones cada vez más frías son parte de la cuenta que nos pasa el abuso del “celu”. Y en un país como el nuestro, con tanta cultura, comunidad y paisajes por vivir, la desintoxicación digital aparece como una salida urgente para volver a lo esencial, dice a CalleBolivia el psicólogo Juan Peñarrieta.

El celular ya no es accesorio, es parte de nosotros. Pasamos entre 6 y 7 horas al día frente a pantallas, y en Bolivia no nos quedamos atrás: en las ciudades los negocios giran alrededor del WhatsApp, y hasta en los pueblos más alejados ya es común ver a todos conectados. Pero mientras tanto, las conversaciones cara a cara se apagan, el sueño se interrumpe con notificaciones y la vida se reduce a lo que muestra una pantalla, añade.

La desintoxicación digital no significa botar el celular ni renunciar a la tecnología, sino aprender a usarla con cabeza y con medida. Se trata de parar unas horas, un día o un fin de semana para volver a disfrutar de lo que realmente importa: la familia, los amigos, la cultura, la naturaleza, el descanso. Imagínate un domingo sin celular para compartir en familia o visitar el mercado de Tarabuco, un fin de semana en el Salar de Uyuni sin preocuparte por subir fotos, o simplemente una cena sin que nadie revise mensajes. Pequeños gestos que devuelven aire fresco a la vida.

Los beneficios son claros: menos ansiedad, mejor sueño, más concentración, relaciones más auténticas y, sobre todo, la posibilidad de reconectarnos con lo que somos como bolivianos. Porque nuestra fuerza está en la comunidad, en el Carnaval, en las Alasitas, en un mate de coca compartido, en la música de una quena o en la sopa de maní que une a todos en la mesa.

Claro que no es fácil. Aparecen miedos como el de perderse algo, la presión de los amigos que siempre quieren respuestas inmediatas o la dependencia laboral del WhatsApp. Pero el truco está en hacerlo juntos: invitar a la familia, a los amigos, a los compañeros de trabajo. Lo colectivo siempre ha sido la fortaleza de Bolivia, y también puede serlo para este desafío, recalca.

El primer paso puede ser sencillo: 24 horas sin celular, reemplazadas con una caminata, una comida familiar o un juego tradicional. Lo importante es empezar, reflexionar y poco a poco ir cambiando hábitos. La tecnología llegó para quedarse, pero no para gobernarnos. En un país como el nuestro, donde cada feria, cada paisaje y cada fiesta popular invitan a vivir el presente, desconectarse del celular no es perder, es ganar. Es volver a mirar la vida con los ojos, y no solo con la cámara del celu.

Redaccion central Santa Cruz

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