Cuando Montenegro critica la propuesta de Libre, encabezada por Jorge Tuto Quiroga, lo hace señalando un punto concreto: ningún país puede garantizar el desembolso de recursos internacionales en tan corto tiempo. Los préstamos de organismos como el FMI, la CAF o el BID pasan por directorios, evaluaciones de riesgo y condiciones macroeconómicas, un proceso que puede demorar meses. En ese sentido, la idea de “conseguir 1.000 millones en una semana” no resiste un análisis técnico. A ello se suma que el propio Estado boliviano ya tiene aprobados más de 1.700 millones de dólares en créditos externos, que no se ejecutan por falta de autorización legislativa. Para el ministro, antes que prometer nuevos fondos, debería resolverse ese bloqueo político interno.
La observación al PDC, representado en el debate por Gabriel Espinoza, también se apoya en datos reales. El subsidio a los hidrocarburos representa un gasto superior a los 1.500 millones de dólares anuales, pero levantarlo de golpe afectaría directamente al transporte, la producción y, en consecuencia, al precio de los alimentos. Experiencias en países vecinos muestran que una medida abrupta de este tipo suele trasladarse de inmediato a la inflación. En cuanto al bolsín cambiario, si bien es un mecanismo limitado, sirve para administrar escasez de dólares y evitar una mayor volatilidad en el mercado paralelo. Prescindir de él sin un plan gradual podría agudizar la presión sobre la divisa.
Con estos argumentos, Montenegro refuerza la imagen de un oficialismo que se presenta como prudente frente a opositores que prometen soluciones rápidas o reformas radicales. No obstante, el trasfondo político es evidente: en plena campaña, sus críticas buscan debilitar la credibilidad de los adversarios y defender un modelo económico que también muestra señales de agotamiento, con déficit fiscal creciente y reservas internacionales en descenso.
Así, las palabras del ministro combinan técnica y estrategia. Tienen sustento cuando cuestionan la viabilidad inmediata de los créditos internacionales o los riesgos inflacionarios de un shock en combustibles, pero también eluden reconocer que el propio Gobierno enfrenta serias tensiones que limitan su margen de acción. En ese equilibrio entre lo cierto y lo conveniente se mueven las críticas de Montenegro, que más temprano que tarde pasará de ser defensor del modelo a convertirse en opositor económico de quien llegue al poder.
Redaccion central La Paz
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