En Argentina, las principales marcas de combustible —YPF, Shell, Axion y Puma Energy— revolucionaron la forma de pago en estaciones de servicio. Con alianzas bancarias y aplicaciones móviles, ofrecen descuentos de hasta el 30 % y reintegros que superan los 40.000 pesos argentinos. La estrategia busca fidelizar a los clientes e impulsar el uso de medios digitales, en un contexto donde la competencia se traslada del surtidor a las apps.
En Bolivia, la historia es distinta. Aunque algunas estaciones permiten el pago con QR o tarjeta, muchas aún dependen del efectivo y de sistemas internos poco actualizados. El acceso al combustible sigue siendo irregular en varias regiones, lo que obliga a la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) a concentrarse más en la transparencia y la trazabilidad que en promociones o beneficios financieros.
El problema tiene nombre: BSISA, el sistema informático que registra y controla la venta de combustibles en Bolivia. Concebido para evitar el contrabando, terminó generando cuellos de botella y errores en la asignación a estaciones. Las constantes caídas del sistema y la falta de conexión con los nuevos medios de pago digitales han evidenciado su obsolescencia tecnológica, afectando directamente al usuario final.
Frente a ello, la ANH confirmó que reemplazará el BSISA por una plataforma moderna, con control en tiempo real y compatibilidad con pagos electrónicos. La medida busca garantizar el abastecimiento, reducir la discrecionalidad y facilitar el monitoreo del combustible desde su origen hasta el surtidor. Este cambio forma parte del esfuerzo del Gobierno por normalizar la distribución y recuperar la confianza del consumidor.
Mientras Argentina acelera hacia una experiencia digital premiada con descuentos, Bolivia aún debe salir del rezago tecnológico y operativo que frena la eficiencia del sistema. Son dos realidades opuestas: una moderniza el consumo, la otra intenta estabilizar el suministro. La diferencia no solo está en las apps, sino en la capacidad de gestión y respuesta ante un bien tan sensible como el combustible.
Redacción central Cochabamba
