Este domingo estalló una polémica que vuelve a poner en el centro del debate la manipulación digital en Bolivia. Un video atribuido a Edmand Lara —en el que supuestamente se refiere a su esposa— circuló en redes por algunas horas antes de ser retirado. Minutos después, Lara salió a desmentir categóricamente la pieza audiovisual y denunció que fue “generada con inteligencia artificial” tras el hackeo de su cuenta de TikTok.
En un mensaje público, el candidato aseguró que su imagen y su voz fueron manipuladas con herramientas de IA, alertando a sus seguidores sobre un intento de difundir información falsa. Dijo además que su equipo trabaja para retomar el control total de sus plataformas digitales y que iniciará acciones legales contra los responsables.
Lo que se sabe hasta ahora es que, en días recientes, Lara ya había denunciado el hackeo de su cuenta de WhatsApp, un patrón que coincide con lo que diversos verificadores de datos han advertido: el uso creciente de deepfakes y contenidos manipulados con fines políticos. Plataformas de verificación como Bolivia Verifica ya habían alertado de este tipo de piezas falsas circulando alrededor de varios candidatos.
La controversia nuevamente plantea un dilema para los ciudadanos: ¿a quién creer cuando la tecnología es capaz de producir videos casi indistinguibles de la realidad? Hasta el momento, ninguna institución independiente ha presentado un peritaje concluyente sobre la autenticidad del material que circuló el domingo.
Lo cierto es que, ante la falta de evidencia técnica verificable, la prudencia se impone. El contexto —denuncias previas de hackeo, patrones de manipulación digital en campañas y herramientas de IA cada vez más accesibles— vuelve verosímil la versión de Lara. Pero también subraya la urgencia de que las figuras públicas presenten análisis técnicos y denuncias formales para dar certeza a la ciudadanía.
Mientras las autoridades digitales y de verificación avanzan en esclarecer el caso, el episodio deja una advertencia clara: Bolivia ya está en la era de la desinformación sintética. Y cualquier video viral puede ser verdadero… o no.
Redacción central Santa Cruz
