El planteamiento de Mencía es directo: cuando el aprendizaje se mide principalmente a través de exámenes que premian la memoria, los estudiantes terminan entrenándose para recordar datos momentáneamente, no para comprenderlos. La consecuencia es un conocimiento que muchas veces “caduca el día del examen”, porque el objetivo real era aprobar y no dominar el contenido.
Esta crítica resuena también en el debate educativo boliviano. Padres de familia y docentes han expresado en distintas ocasiones su preocupación por la calidad del aprendizaje real que están adquiriendo los estudiantes. En muchos colegios se escucha una inquietud recurrente: que avanzar de curso no siempre significa haber consolidado habilidades fundamentales como lectura crítica, razonamiento lógico o análisis.
Parte de esa discusión suele vincularse con el modelo educativo establecido por la Ley Avelino Siñani–Elizardo Pérez, que buscó transformar la educación hacia un enfoque más integral, comunitario e intercultural. Sin embargo, algunos sectores sostienen que el desafío no está solo en la norma, sino en cómo se aplica en las aulas y cómo se evalúa el aprendizaje.
La reflexión de Mencía, en ese sentido, abre una pregunta que trasciende países: si el sistema educativo premia aprobar antes que comprender, ¿qué tipo de profesionales y ciudadanos se están formando? Para muchos padres bolivianos, la respuesta pasa por revisar no solo los contenidos, sino también la forma en que se mide el conocimiento.
Por Equipo de redacción
