La función del tipo de cambio oficial ha dejado de ser económica para convertirse en política. En teoría, el 6,96 sigue siendo el ancla nominal del sistema; en la práctica, ha perdido capacidad para asignar divisas, fijar precios o guiar decisiones de inversión. No existe acceso libre y suficiente a dólares a ese nivel, por lo que su rol se reduce a referencia contable en operaciones específicas del sector público y ciertos segmentos regulados.
En contraste, el tipo de cambio “referencial” en torno a 9,61 refleja el verdadero equilibrio entre oferta y demanda de divisas. Este valor incorpora la escasez estructural de dólares, el deterioro del balance externo y la pérdida de confianza en la capacidad del sistema para sostener el esquema cambiario vigente. Es, en esencia, el precio al que la economía se está ajustando de manera silenciosa.
Este desdoblamiento cambiario introduce distorsiones profundas. El sector formal, que tributa y reporta en bolivianos, enfrenta costos crecientes al reponer inventarios a un tipo de cambio más alto, erosionando márgenes y trasladando presiones a precios. El sector informal, en cambio, ajusta con mayor rapidez, operando directamente en función del dólar paralelo o referencial, lo que le otorga flexibilidad pero también amplifica la volatilidad.
Desde una perspectiva macroeconómica, el mantenimiento artificial del 6,96 cumple una función de contención política: evita un salto discreto en la inflación, modera expectativas y difiere conflictos distributivos. Sin embargo, esta estrategia tiene un costo acumulativo. La coexistencia de múltiples tipos de cambio debilita la señal de precios, desalienta la inversión, fomenta la informalidad y erosiona la credibilidad de la política económica.
El riesgo no radica únicamente en la brecha actual, sino en su persistencia. Cuanto más tiempo se sostenga un tipo de cambio oficial desconectado de la realidad, mayor será el ajuste eventual necesario para reequilibrar la economía. En ese escenario, el costo de corrección —en términos de inflación, actividad y estabilidad social— tiende a ser más elevado.
Por Equipo de redacción
