La crisis se profundiza principalmente en La Paz, donde el desabastecimiento de gasolina y diésel volvió a generar filas interminables en surtidores y afectó el transporte, el comercio y la distribución de productos básicos. El conflicto ya no gira únicamente alrededor del combustible, sino que se transformó en una presión social y política que crece día tras día.
Sectores campesinos, obreros y organizaciones sociales anunciaron nuevas movilizaciones y marchas hacia la sede de Gobierno, mientras el Ejecutivo intenta contener el desgaste económico y el malestar ciudadano. La tensión también se trasladó al discurso político.
Durante los actos por el aniversario de Chuquisaca en Sucre, el presidente Rodrigo Paz lanzó una advertencia dirigida a quienes rechazan el diálogo. “Aquellos que no quieren dialogar les caerá la Constitución”, afirmó, en una frase que rápidamente se viralizó y marcó un endurecimiento de la postura oficial frente a los conflictos.
Las consecuencias de la crisis golpean especialmente a las familias más vulnerables. Comerciantes reportan caída de ventas, transportistas denuncian pérdidas por la falta de combustible y ciudadanos deben esperar durante horas para abastecerse. En distintos mercados ya se percibe preocupación por el incremento de precios y la dificultad para conseguir algunos productos.
El escenario actual refleja un país atrapado entre bloqueos, desgaste político y una economía debilitada. Mientras el Gobierno insiste en el diálogo y los sectores movilizados radicalizan sus medidas de presión, gran parte de la población observa con incertidumbre un panorama donde todavía no se visibiliza una salida clara.
Por Equipo de redacción
