Bolivia vive este sábado una calma relativa, aunque marcada por la incertidumbre sobre la reacción que asumirán los sectores más radicalizados tras la declaratoria del estado de excepción. Mientras el Gobierno despliega efectivos policiales y militares para resguardar puentes, carreteras e infraestructura estratégica, la atención se concentra en los grupos que han rechazado el acuerdo de pacificación suscrito entre el Ejecutivo y la Central Obrera Boliviana (COB).
A diferencia de las últimas semanas, caracterizadas por bloqueos, desabastecimiento y enfrentamientos, las primeras horas de la media jornada mostraron una presencia reforzada de las fuerzas del orden y el inicio de operaciones para restablecer la circulación. Sin embargo, persiste la incógnita sobre si los sectores que mantienen las protestas optarán por replegarse, resistir los operativos o radicalizar sus medidas de presión.
El país parece haber entrado en una nueva fase del conflicto: menos marcada por la confrontación inmediata en las carreteras y más por la disputa política sobre la legitimidad, el alcance y las consecuencias del estado de excepción.
Por Equipo de redacción
