Las intensas lluvias registradas en Bolivia desde noviembre han dejado un saldo devastador en el país, afectando a 30.262 familias, de las cuales 9.014 están consideradas damnificadas. Según el viceministro de Defensa Civil, Juan Carlos Calvimontes, un total de 45 municipios, distribuidos en ocho departamentos, han sufrido daños considerables. La Paz se encuentra entre las regiones más golpeadas, con seis municipios —Apolo, La Asunta, Luribay, Palca, Humala y Yaco— declarados en desastre debido a la magnitud de las afectaciones.
En términos estructurales, 401 viviendas han sido reportadas como dañadas, de las cuales 205 quedaron completamente destruidas, quedando sus habitantes a la espera de la intervención de la Agencia Estatal de Vivienda (AE Vivienda) para evaluar y planificar su reconstrucción. En Quime, uno de los municipios más afectados por inundaciones, se han contabilizado 60 viviendas dañadas y 650 familias damnificadas, aunque las autoridades aún están recopilando información final sobre el impacto.
La situación en Bolivia refleja la urgente necesidad de medidas de mitigación frente a los fenómenos climáticos extremos. Mientras las autoridades trabajan para brindar asistencia a los damnificados, el Gobierno ha instado a la población a permanecer alerta, especialmente en las zonas más vulnerables. Estos eventos destacan no solo la vulnerabilidad estructural en algunas regiones, sino también la importancia de fortalecer estrategias de prevención y respuesta ante desastres naturales.
