La oposición boliviana, que busca desplazar al Movimiento al Socialismo (MAS) del poder, dio un paso importante pero turbulento al oficializar este miércoles a Samuel Doria Medina como su carta presidencial. En un acto realizado en La Paz, acompañado por figuras como Efraín Suárez (Creemos), Vicente Cuéllar y Carlos Alarcón (Comunidad Ciudadana), el líder de Unidad Nacional declaró: “Al MAS le digo: alisten sus maletas, porque se van en agosto”. Sin embargo, el entusiasmo fue opacado por la notoria ausencia de dos figuras fundacionales del bloque: Tuto Quiroga y Carlos Mesa.
Ambos expresidentes se alejaron del proyecto conjunto en medio de fuertes discrepancias. Quiroga, ahora candidato por la alianza “Libre”, cuestionó la transparencia de las encuestas internas que favorecieron a Doria Medina, acusando un pacto de cúpulas y deslegitimando el proceso. Mesa, por su parte, renunció a su rol como vocero del bloque, alegando la imposibilidad de ejercer un liderazgo de consenso ante las divisiones internas.
La alianza, conformada en diciembre de 2024 con la intención de presentar un frente común, ha visto deteriorarse su estructura con la prisión de Luis Fernando Camacho, las tensiones entre sus líderes y la multiplicación de candidaturas opositoras. Con figuras como Manfred Reyes Villa, Chi Hyun Chung y el propio Quiroga en carrera, la posibilidad de un voto disperso se vuelve cada vez más real, favoreciendo indirectamente al MAS, pese a sus propias divisiones internas entre el presidente Luis Arce y Evo Morales.
Doria Medina, con tres campañas presidenciales previas, asume la candidatura con la difícil misión de mantener cohesionada una coalición que parece deshilacharse. Su historial como empresario y político pragmático podría ser su fortaleza, pero también su talón de Aquiles ante un electorado escéptico y dividido. A cuatro meses de los comicios, la promesa de unidad opositora parece tan lejana como el objetivo de derrotar al oficialismo.
Redacción central y agencias
