Mié. Ago 19th, 2026

Cancillería acumula deudas en dólares y retrasa pagos al servicio exterior

La crisis de dólares en Bolivia ya no es un dato macroeconómico lejano: empieza a sentirse en el corazón del Estado. La Cancillería enfrenta deudas millonarias y retrasos en pagos a funcionarios en el exterior, evidenciando que la falta de divisas no solo presiona la economía interna, sino que también compromete la presencia y operatividad internacional del país.

La falta de liquidez en dólares vuelve a golpear al Estado boliviano. Esta vez, el foco está en la Cancillería, donde se han acumulado deudas millonarias que ya impactan en el funcionamiento del servicio exterior y en la capacidad del país para sostener su presencia internacional.

De acuerdo con datos oficiales, el Ministerio de Relaciones Exteriores arrastra obligaciones que superan los 33 millones de dólares con organismos internacionales, además de compromisos internos. Entre ellos, destaca una deuda aproximada de 1,5 millones de dólares en salarios a funcionarios del servicio exterior, lo que ha generado retrasos en pagos y tensiones administrativas en distintas misiones diplomáticas.

El problema, sin embargo, no es aislado ni coyuntural. Responde a una escasez estructural de divisas que atraviesa la economía boliviana. La Cancillería, a diferencia de otras instituciones, depende directamente de dólares para cubrir gastos operativos en el exterior, como sueldos, alquileres y logística. Cuando esos recursos no fluyen con regularidad, el sistema comienza a mostrar fisuras.

En la práctica, esto ha provocado situaciones complejas: diplomáticos que no pueden ser relevados por falta de pago de beneficios, compromisos internacionales en riesgo y una limitada capacidad de acción en escenarios multilaterales. Más allá del monto, el impacto es estratégico: la política exterior queda condicionada por la disponibilidad de divisas.

El Gobierno ha reconocido la necesidad de ordenar las finanzas públicas y ajustar el gasto, pero los efectos de la crisis ya son visibles. La falta de dólares no solo presiona al tipo de cambio o al comercio, sino que ahora también compromete la operatividad del aparato estatal en el exterior.

En ese contexto, la narrativa de que “no hay dólares” en Cancillería es una simplificación, pero refleja un problema de fondo: la liquidez en divisas es insuficiente para cubrir obligaciones en tiempo y forma. Y cuando eso ocurre en el frente internacional, las consecuencias van más allá de lo administrativo: afectan la credibilidad y presencia del país en el mundo.

Por Equipo de redacción

Siguenos y comparte:

About Author

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Categorías